martes, 24 de junio de 2008

Breve historia del tomate






Bodegón con caballas, limones y tomates. Vincent van Gogh


El tomate tiene su origen en tierras sudamericanas (existen diversas hipótesis sobre el lugar concreto, como Méjico, Perú...). Su nombre deriva de la palabra "tomatí", del nahuatí", idioma que hablaban los aztecas de América Central, parece que ellos lo utilizaban en siglos anteriores. 

El primer encuentro de los europeos con el tomate se produjo durante un viaje de Hernán Cortés en 1519, cuando adquirió algunas plantas de tomate en Méjico. 
Fue catalogado por el botánico Petrus Andreas Matthiolus en la primera mitad del siglo XVI como producto comestible, pero lo incluyó en la misma familia de la mandrágora, planta que era consideraba en esta época como tóxica, y aquí se inicia el rechazo del tomate. Hasta el siglo XVIII no se desmintió su toxicidad y se lo debemos al botánico Phillip Millar, que en su obra "Manual del jardinero" (1731) lo declara apto para el consumo. 

Es a partir de 1840 cuando se generalizó su uso en Europa, y hoy constituye un elemento fundamental en la dieta mediterránea en todo tipo de platos, pero sobre todo mencionaremos la exquisita salsa elaborada con tomates, presente en todas las cocinas con distintas variantes. Si el tomate nos llegó de América, la salsa de tomate proviene de Italia, ya que era un elemento indispensable para acompañar a la pasta. 







Variantes de salsa de tomate:

Lo más importante para que una salsa de tomate nos quede sabrosa, a decir de los expertos, es el tiempo de cocción y que los tomates estén maduros.


Salsa clásica de tomate
Ingredientes

1 Kg de tomates maduros, 3 cucharadas soperas de aceite (si es de oliva mejor), 1 cucharada pequeña de azúcar, 1 cebolla mediana, sal, albahaca (es la planta que mejor combina con el tomate), 1 diente de ajo (opcional).

Preparación

Se pone aceite en la sartén, la cebolla y el ajo y se dejan unos 4 minutos. Se añaden los tomates en pedazos quitando la simiente (algunos cocineros recomiendan que los tomates se introduzcan en agua hirviendo y después se pasen por agua fría antes de añadirlos). Se añaden el azúcar, sal y se deja cocer 20 minutos (se puede extender el tiempo de cocción a 40 minutos). A media cocción, se añade la albahaca fresca. Se pasa por el pasapurés para evitar que se vuelva de color naranja y se rectifica de sal si fuera necesario. ¡Lista para combinar con múltiples platos! 

Entre las variantes más destacadas están el añadir a la cocción un pimiento verde sin simiente y pimienta negra, que aportan un toque especial.

En Méjico, se utilizan los ingredientes de la receta clásica pero no se cuecen, se pican todos muy finamente y se añaden además cilantro (una ramita), chiles verdes frescos sin simiente (máximo tres) y comino molido (una cucharadita). Se tapa y se deja que se mezclen los sabores.

En Italia, una de las variantes más conocida es rallar los tomates muy finamente y mezclar junto con el ajo picado muy pequeño (tres dientes), sal y orégano.

En la Provenza, se utiliza perejil y se añaden alcaparras.


En fin, admite muchas posibilidades y resulta siempre deliciosa. 


Oda al tomate (Pablo Neruda)

 
 


Bodegón con pepinos y tomates. Luis Meléndez



La calle se llenó de tomates,
mediodía, verano,
la luz se parte en dos mitades de tomates,
corre por las calles el jugo.
En diciembre
se desata el tomate,
invade las cocinas,
entra por los almuerzos [...]
Tiene luz propia,
majestad benigna.
Debemos, por desgracia,
asesinarlo:
se hunde el cuchillo en su pulpa viviente,
es una roja víscera,
un sol fresco, profundo, inagotable,
llena las ensaladas de Chile,
se casa alegremente con la cebolla,
y para celebrarlo se deja caer aceite,
hijo esencial del olivo,
sobre sus hemisferios entreabiertos,
agrega la pimienta su fragancia,,
la sal su magnetismo:
son las bodas del día,
el perejil levanta banderines,
las papas hierven vigorosamente,
el asado golpea con su aroma en la puerta,
es hora! vamos!,
y sobre la mesa, en la cintura del verano, el tomate,
astro de tierra, estrella repetida y fecunda,
nos muestra sus circunvoluciones,
sus canales,
la insigne plenitud y la abundancia sin hueso,
sin coraza,
sin escamas ni espinas,
nos entrega el regalo de su color fogoso,
y la totalidad de su frescura


Pablo Neruda (Odas elementales)





 

domingo, 22 de junio de 2008

Luis Melédez, el gran bodegonista del siglo XVIII español





Bodegón con tomates, berenjenas y cuenco



Luis Meléndez (1716-1780) es uno de los principales pintores del siglo XVIII dedicados al género del bodegón. Nació en Nápoles en una familia de artistas españoles. Su padre, Francisco Antonio Meléndez, fue pintor de cámara del rey Felipe V, y se trasladó a Nápoles con toda su familia hasta que su hijo cumplió un año de edad. Cuando regresa a España, se instala en Madrid y Luis inicia sus estudios de pintura, primero junto a su padre, y después asistiendo a clases en la Junta Preparatoria de la Real Academia de Bellas Artes. En estos momentos, la Academia de Bellas Artes aún no existía, y su padre fue uno de los responsables de su creación. Debido a las continuas desavenencias con sus compañeros se retira del proyecto, lo que repercute en su hijo Luis, que fue expulsado de la Academia. 




Bodegón con ciruelas, brevas y pan
Museo del Prado



Trabajó como ayudante de su padre realizando miniaturas para joyas y fue discípulo del pintor Louis-Michel van Loo. Marcha a Italia y a su vuelta a Madrid en 1753 trabaja como miniarista por encargo de Fernando VI. Durante el reinado de Carlos III realizó una serie de encargos para el Príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV, entre los que destaca la serie del Gabinete de Historia Natural que, siguiendo el espíritu de la Ilustración, debía "componer un divertido Gavinete con toda la especie de comestibles que el clima español produce..." Pese a todo, nunca llegó a alcanzar un puesto en la Corte, hecho que le frustró toda su vida.




Bodegón con frutas y un jarro 
Museo de Bellas Artes de Bilbao 



Posteriormente, se especializa en bodegones, género al que dedicó la mayor parte de su producción. Llegó a pintar un centenar de ellos (El Museo de Prado posee un relevante conjunto de sus obras). Se convierte en el mayor bodegonista del siglo XVIII español. 

Para la Academia la pintura de bodegones constituía el último peldaño del escalafón de los temas pintables; el grado al que no debía descenderse nunca, salvo ocasionalmente. En uno de sus bodegones y seguramente como protesta por esta afirmación firmó con todo su nombre, Luis Egidio Meléndez de Rivera Durazo y Santo Padre. 

Murió, como aparece en su testamento," pobre de solemnidad". 
Una carrera frustrada en vida, pero su obra ha pasado a la posteridad... 

Sus bodegones destacan por su minuciosidad, son sobrios, gran preocupación por la luz, expresividad del color y belleza del dibujo. Son la muestra más viva de los alimentos del siglo XVIII en España. Hoy es considerado, junto a Juan Sánchez Cotán, Juan van der Hamen y Antonio de Pereda, uno de los grandes pintores del género del Bodegón en España. 

Bien merece ser reconocido. 







sábado, 21 de junio de 2008

Salsa con albahaca

 
 
 
 
 
 
 
Este vídeo nos ayuda a preparar la salsa más importante elaborada con albahaca, el pesto italiano, ideal para acompañar la pasta y...

 
 

 
 

viernes, 20 de junio de 2008

La albahaquera




Albahaquera. Cerámica de Manises (Valencia),
 siglos XVIII-XIX



El orígen de la población de Manises data de la época de los musulmanes; aquí se creó un centro cerámico que, tras su conquista, fue donado por el rey Jaime II de Aragón a Artal de Luna, cuya familia continúo con la posesión hasta finales del siglo XIII en que pasó a poder de Pere Boil, mayordomo y tesorero de Jaime II. El señorío de Boil introdujo la cerámica dorada importada de los musulmanes andaluces, en especial de Málaga. Así se desarrolló la cerámica que se exportó a toda Europa. Los utensilios de uso doméstico fueron numerosos como jarrones, ánforas, platos, bandejas, vinagreras, compoteras, botijos, copas, cestas, jarras ... 
Me ha llamado la atención la utilización de un recipiente exclusivo para guardar la planta aromática de la albahaca, llamado albahaquera o alfabeguer, seguramente utilizada para aromatizar o como componente culinario.
 
La albahaca es una planta de origen oriental (India), que introdujeron en Europa los griegos y luego los romanos. Es de las más usadas en la cocina mediterránea. Combina muy bien con el orégano, tomillo y ajo, y es adecuada para acompañar patatas, pollo, conejo, ensaladas, tomate, berengena, calabacín, e ingrediente fundamental en la famosa salsa italiana "pesto".

 


miércoles, 18 de junio de 2008

Morcilla con cebolla confitada





 Atando morcillas. Alimentos.
Azulejos de cerámica de Manises (siglo XVIII)
"La Cerámica Valenciana de José Gimeno".


 
Según el etnógrafo Joaquín Alonso y siguiendo a Platón (referencia recogida del Mithaicos 428 a.C.), fue un invento del griego Aftónitas, y resultó ser uno de los grandes hallazgos del arte culinario para el aprovechamiento del cerdo.
Las variedades de morcilla son muy diversas, en León se elabora con sangre y grasa de cerdo a los que se añaden cantidades elevadas de cebolla, por ello también se la conoce como morcilla de cebolla.

Un picho de morcilla exquisito es el que se acompaña con cebolla confitada. Se corta la morcilla en rodajas, se fríe y se pone encima de la cebolla confitada.
 
 
Para confitar la cebolla
 
Se parte la cebolla en tiras finas. En una sartén en aceite de oliva se fríe a fuego lento, hasta que quede transparente, sin dorarse. Añadir azúcar (dos cucharadas), y un poco de agua, si es necesario. Poner a fuego lento hasta que caramelicen.

La morcilla es un embutido elaborado con distintos componentes.
 
 
 
 

Oda a la cebolla





Bodegón con cebollas. Paul Cézanne



Cebolla
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío [...]
Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla del astro
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos


Pablo Neruda (Odas elementales)