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miércoles, 22 de junio de 2011

Santa Teresa entre pucheros




Santa Teresa,  Pedro Pablo Rubens, 1644



“Entre pucheros y ollas también anda Dios”.

Santa Teresa de Jesús, llamada también Santa Teresa de Ávila, ha sido una de las grandes mujeres místicas de la historia universal. Su nombre real es el de Teresa de Cepeda Ahumada. Nació el 28 de marzo de 1515 en Gotarrendura, un barrio de la ciudad de Ávila. Entró con tan sólo veinte años en el convento de las hermanas carmelitas de la Encarnación de Ávila.

En 1556 descubrió en un hueco de una pared de un oratorio del convento, una estatuilla de unos 18 centímetros: era un Ecce Homo.

¿Qué sintió Santa Teresa ante aquella imagen? Pues las mismas llagas de Jesús en su cuerpo. Ella misma escribió:

"Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece que se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle".

A partir de entonces, Santa Teresa lleva una vida de penitencia, de mortificación y de oración constante.

Desde aquel día se en­tregó con tal ardor al ejercicio del amor divino, que en poco tiempo alcanzó las más altas cumbres de la unión mís­tica con Dios. En 1560 recibió la insigne gracia de la transverberación en casa de su amiga doña Guiomar de Ulloa. Ella misma nos relata este fenómeno de la transverberación:

 "Vi a mi lado a un ángel que se hallaba a mi izquierda, en forma humana. Confieso que no estoy acostumbrada a ver tales cosas, excepto en muy raras ocasiones. Aunque con frecuencia me acontece ver a los ángeles, se trata de visiones intelectuales, como las que he referido más arriba (...) El ángel era de corta estatura y muy hermoso; su rostro estaba encendido como si fuese uno de los ángeles más altos que son todo fuego. Debía ser uno de los que llamamos querubines (...) Llevaba en la mano una larga espada de oro, cuya punta parecía un ascua encendida. Me parecía que por momentos hundía la espada en mi corazón y me traspasaba las entrañas y, cuando sacaba la espada, me parecía que las entrañas se me escapaban con ella y me sentía arder en el más grande amor de Dios. El dolor era tan intenso, que me hacía gemir, pero al mismo tiempo, la dulcedumbre de aquella pena excesiva era tan extraordinaria, que no hubiese yo querido verme libre de ella".
 


El éxtasis de santa Teresa, G. L. Bernini


Después de esta experiencia, la santa avanzará con paso firme en su perfección. Para ella, la vida de clausura de aquel convento le era insuficiente y decide reformar la congregación para volver a la austeridad, a la pobreza total y a la auténtica clausura de la primitiva congregación carmelita.

El 24 de agosto de 1562 inaugura su primer convento bajo una nueva regla muy cerca de Ávila, el convento de San José. Aquella nueva orden recibiría el nombre de "Carmelitas Descalzas de San José", ya que todas las monjas andaban con los pies desnudos.



Cocina de Santa Teresa. Cocina primitiva del Convento de San José de Ávila


Los consejos y las normas para sus monjas orientaban todos los aspectos de la vida; en todos los lugares podían practicar la oración, también en la cocina, entre los pucheros.

Escribió Santa Teresa en sus Fundaciones:

Pues ¡ea, hijas mías!, no haya desconsuelo cuando la obediencia os trajere empleadas en cosas exteriores; entended que si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior.


La Santa en la cocina, Francisco Rizi, Convento de San José


Teresa de Jesús sabía cocinar, se preocupaba mucho del alimento de sus monjas:

"Al comienzo de sus fundaciones ordenó la Santa que se hiciese la cocina por semanas y cuando le tocaba a ella ponía un esmero singular y ponía en evidencia su ternura maternal con las hermanas. Su compañera de semana, Isabel de Sto. Domingo, la vio alguna vez arrobada con la sartén en la mano, y dábase el caso que no quedaba en la casa más aceite que el que había en la sartén, y asiéndose de la misma sartén para que no se derramase, se sentía contagiada por el arrobo de la Madre y con riesgo de quedas ambas extasiadas asidas de la sartén".

Dice el Padre Francisco de Ribera en su obra Vida de Santa Teresa de Jesús que:

 "de noche estaba pensando cómo guisaría los huevos y el pescado y cómo haría el caldo que fuese diferente de lo ordinario, para dar algún regalo a aquellas siervas de Dios, y aquella semana era la casa bien proveída".



Santa Teresa de Jesús, Antonio Veredas


Quedó memoria en San José de Ávila que cierto día, no de su semana, preguntó la Madre a la semanera:

 - ¿Qué tienen para cenar mis monjas? Respondió la otra: Madre, tengo rábanos y leche. Exclamó la Santa:
- ¡Dios sea conmigo! ¡Rábanos y leche! tráigame unos huevos, y con esa leche y pan rallado haremos un manjarcillo, y con eso cenaremos.

Hasta hoy se guarda este guiso, en memoria de la Madre que no quiso matar a sus monjas con rábanos y leche.
Santa Teresa murió, después de realizada su obra de reforma, el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años. Su canonización tuvo lugar en 1622.

El 27 de septiembre de 1970 Pablo VI le reconoció el título de Doctora de la Iglesia.

“Dios existe, vivo y operante: Él ha transformado mi vida”.

 Es el testimonio que Santa Teresa nos transmite.




domingo, 6 de julio de 2008

La berenjena: un alimento sano






La berenjena proviene de la región de Assam y Birmania, donde ya se conocía desde hace más de 400 años, no obstante hay quien sitúa su origen en la India. Fue traída por las grandes caravanas árabes, y pronto llegó al Norte de África, donde la adoptaron los pueblos mediterráneos y de ahí llegó a Europa en la Edad Media por la invasión árabe del siglo VIII. En la Edad Moderna los españoles la introdujeron en América en el tiempo de la colonización. Un recorrido largo, Asia, África, Europa y América.

Parece que no tenemos suerte con las verduras y hortalizas porque, al igual que hemos visto con el tomate y la alcachofa, también la berenjena fue considerada, en principio, como no apta para el consumo.




Los médicos europeos la creían culpable de provocar fiebres y crisis epilépticas, así la denominaron Solanum Insanum, es decir insana, y causante de locura.

En el siglo XVIII el botánico y naturalista Linneo cambió su clasificación y la denominó Solanum Melongena, que significa manzana mala pero sedante, y hasta el siglo XIX no aparece en los libros de cocina. Parece increíble la tardanza en introducir un alimento en nuestra dieta. Hoy en día se consume, por suerte, en todos los continentes.

Casa muy bien con el tomate, el pimiento, calabacín, el buey y el cordero. Admite también el ajo y le gusta mucho el aceite, por lo que hay que tener cuidado si las freímos.

Hoy sabemos de sus propiedades y podemos considerarla como un alimento sano, pues es buena como laxante, diurética, tonificante, digestiva, anticancerígena, reduce el colesterol malo y se aconseja para evitar el insomnio.

 ¡Deliciosa!




 

viernes, 4 de julio de 2008

La leyenda del motín de la trucha







Vamos a relatar la rebelión que se produjo en tierras zamoranas en el siglo XII.
 
Se considera una leyenda, pero refleja una realidad política, una cadena de amotinamientos del pueblo contra los nobles durante esta época medieval.
 
La leyenda dice así:

El Rey Fernando I, mediante un fuero, instaura que los bienes comunales, la justicia y el orden de la ciudad, quedaban en manos de hombres elegidos por el pueblo, a lo que se oponían los nobles. Benito el Pellitero, plebeyo, se convierte en líder en la defensa del pueblo. Benito regenta un pequeño negocio de pieles que comparte con su hijo Pedro. Pedro estaba enamorado de una joven hidalga, Inés, hija del hidalgo Don Gómez Álvarez de Vizcaya, el cual menospreciaba a los plebeyos. Benito recomendaba a su hijo que no pretendiera a Inés, pues pertenecían a distinto estamento social.
 
Una de las injusticias que el pueblo no aceptaba era que los criados, los despenseros de los nobles, podían comprar en el mercado hasta las 9 de la mañana, hora en que sonaba una campana y los plebeyos podían entrar en el mercado para poder comprar lo que los despenseros habían dejado.


 
Trucha sanabresa


Pues bien, en el invierno del año 1158, Pedro, guardando las normas descritas, se dirige a las 9 de la mañana al puesto de un pescadero amigo suyo, que le ofrece una magnífica trucha sanabresa. En este momento, aparece el despensero de Don Gómez Álvarez exigiendo, aunque fuera de hora, la trucha para su señor. Comienza una discusión y el criado, además, se burla de las pretensiones de Pedro sobre su ama. Pedro pierde la razón y clava una daga en el corazón del criado. El pueblo se acalora y levanta en hombros a Pedro por haberse atrevido a poner justicia frente a los nobles.
 
Don Gómez Álvarez se entera de los hechos y da cuenta al Justicia Mayor pidiendo venganza. Fueron arrestados Pedro y los que le alzaban en hombros. Al día siguiente, en la Iglesia de San Román (hoy Santa María la Nueva), se celebraba el consejo de hidalgos, presidido por Don Ponce de Cabrera, y los nobles piden que se corten los derechos que el fuero del Rey otorgaba a los plebeyos. El pueblo, al saber las decisiones del consejo, rodea la Iglesia y la quema con todos los nobles dentro. Sólo Ponce de Cabrera pudo huir, pero la muchedumbre le dio muerte. Queman también la cárcel y liberan a los hombres apresados por los nobles, entre ellos Pedro. El motín se expande y llega a la casa de Don Gómez Álvarez de Vizcaya, a la que prenden fuego. Inés pide ayuda desde un ventanal y Pedro entra a rescatarla. Ambos se salvan. Pedro, al ver lo que había sucedido, para expiar su culpa, decide renunciar a Inés, y ésta ingresa en la comunidad de las Dueñas.
 
El pueblo pide clemencia al Rey, que los perdona bajo dos condiciones: reedificar la Iglesia a su costa y acudir al Papa Alejandro III para que los impusiese penitencia.

 



 

martes, 24 de junio de 2008

Breve historia del tomate






Bodegón con caballas, limones y tomates. Vincent van Gogh


El tomate tiene su origen en tierras sudamericanas (existen diversas hipótesis sobre el lugar concreto, como Méjico, Perú...). Su nombre deriva de la palabra "tomatí", del nahuatí", idioma que hablaban los aztecas de América Central, parece que ellos lo utilizaban en siglos anteriores. 

El primer encuentro de los europeos con el tomate se produjo durante un viaje de Hernán Cortés en 1519, cuando adquirió algunas plantas de tomate en Méjico. 
Fue catalogado por el botánico Petrus Andreas Matthiolus en la primera mitad del siglo XVI como producto comestible, pero lo incluyó en la misma familia de la mandrágora, planta que era consideraba en esta época como tóxica, y aquí se inicia el rechazo del tomate. Hasta el siglo XVIII no se desmintió su toxicidad y se lo debemos al botánico Phillip Millar, que en su obra "Manual del jardinero" (1731) lo declara apto para el consumo. 

Es a partir de 1840 cuando se generalizó su uso en Europa, y hoy constituye un elemento fundamental en la dieta mediterránea en todo tipo de platos, pero sobre todo mencionaremos la exquisita salsa elaborada con tomates, presente en todas las cocinas con distintas variantes. Si el tomate nos llegó de América, la salsa de tomate proviene de Italia, ya que era un elemento indispensable para acompañar a la pasta. 







Variantes de salsa de tomate:

Lo más importante para que una salsa de tomate nos quede sabrosa, a decir de los expertos, es el tiempo de cocción y que los tomates estén maduros.


Salsa clásica de tomate
Ingredientes

1 Kg de tomates maduros, 3 cucharadas soperas de aceite (si es de oliva mejor), 1 cucharada pequeña de azúcar, 1 cebolla mediana, sal, albahaca (es la planta que mejor combina con el tomate), 1 diente de ajo (opcional).

Preparación

Se pone aceite en la sartén, la cebolla y el ajo y se dejan unos 4 minutos. Se añaden los tomates en pedazos quitando la simiente (algunos cocineros recomiendan que los tomates se introduzcan en agua hirviendo y después se pasen por agua fría antes de añadirlos). Se añaden el azúcar, sal y se deja cocer 20 minutos (se puede extender el tiempo de cocción a 40 minutos). A media cocción, se añade la albahaca fresca. Se pasa por el pasapurés para evitar que se vuelva de color naranja y se rectifica de sal si fuera necesario. ¡Lista para combinar con múltiples platos! 

Entre las variantes más destacadas están el añadir a la cocción un pimiento verde sin simiente y pimienta negra, que aportan un toque especial.

En Méjico, se utilizan los ingredientes de la receta clásica pero no se cuecen, se pican todos muy finamente y se añaden además cilantro (una ramita), chiles verdes frescos sin simiente (máximo tres) y comino molido (una cucharadita). Se tapa y se deja que se mezclen los sabores.

En Italia, una de las variantes más conocida es rallar los tomates muy finamente y mezclar junto con el ajo picado muy pequeño (tres dientes), sal y orégano.

En la Provenza, se utiliza perejil y se añaden alcaparras.


En fin, admite muchas posibilidades y resulta siempre deliciosa. 


viernes, 20 de junio de 2008

La albahaquera




Albahaquera. Cerámica de Manises (Valencia),
 siglos XVIII-XIX



El orígen de la población de Manises data de la época de los musulmanes; aquí se creó un centro cerámico que, tras su conquista, fue donado por el rey Jaime II de Aragón a Artal de Luna, cuya familia continúo con la posesión hasta finales del siglo XIII en que pasó a poder de Pere Boil, mayordomo y tesorero de Jaime II. El señorío de Boil introdujo la cerámica dorada importada de los musulmanes andaluces, en especial de Málaga. Así se desarrolló la cerámica que se exportó a toda Europa. Los utensilios de uso doméstico fueron numerosos como jarrones, ánforas, platos, bandejas, vinagreras, compoteras, botijos, copas, cestas, jarras ... 
Me ha llamado la atención la utilización de un recipiente exclusivo para guardar la planta aromática de la albahaca, llamado albahaquera o alfabeguer, seguramente utilizada para aromatizar o como componente culinario.
 
La albahaca es una planta de origen oriental (India), que introdujeron en Europa los griegos y luego los romanos. Es de las más usadas en la cocina mediterránea. Combina muy bien con el orégano, tomillo y ajo, y es adecuada para acompañar patatas, pollo, conejo, ensaladas, tomate, berengena, calabacín, e ingrediente fundamental en la famosa salsa italiana "pesto".

 


jueves, 12 de junio de 2008

La alcachofa: su origen





Bodegón con frutas. Louise Moillon (1637)
Museo Thyssen Bornemisza



Esta planta (o los cardos de los que procede ) podría ser originaria de Egipto o del Norte de África. La planta denominada Cynara ya era conocida por griegos y romanos. Al parecer se le otorgaban poderes afrodisíacos y toma su nombre de una muchacha seducida por Zeus, y después transformada por este en alcachofa.

Durante la Edad Media no se conocía la alcachofa, y se piensa que en esta época, del cultivo sucesivo de los cardos, los horticultores poco a poco los transformaron hasta conseguirla. Ya era consumida en la Italia del siglo XV. Venida de Sicilia, aparece en la Toscana hacia 1466.

Los historiadores gastronómicos vinculan la alcachofa con Catalina de Médicis y, por tanto, con el Cinquecento.


La llegada de Catalina di Medici a la corte francesa supuso el enriquecimiento de la cocina francesa. Cuentan las crónicas que con Catalina viajaron al país galo cocineros y someliers elegidos de entre los más famosos de Italia, ya que por su educación Catalina era amante de la buena mesa. Cuentan que con su llegada se introdujeron en Francia los famosos sorbetes italianos y, cómo no, sus famosas pastas.

A lo largo de la historia han sido los mismos cocineros franceses, por ejemplo Antonin Carême, los primeros en admitir la gran influencia de la reina Catalina di Medici en la gastronomía francesa. Con su llegada a Francia con motivo de su boda con Enrique de Valois, llegaron también un gran número de cocineros que, por los elementos y condimentos que utilizados, enriquecieron la cocina francesa.

Cuentan las crónicas que el cultivo de la alcachofa, introducido en Italia a finales del siglo XV, fue reintroducido en Francia en el siglo XVI gracias a la reina Catalina di Medici. Eso si, la elaboración fue totalmente novedosa, resultando un plato al que los franceses llamaron beatilles.
Este plato, considerado un manjar, se componía de fondos de alcachofa con mollejas de ternera, riñones y crestas de gallo que, unas veces se servían conjuntamente, y otras se presentaban con los fondos de alcachofas aparte y las distintas carnes en forma de patés. Según un cronista de la época este plato era considerado un afrodisíaco, y cuentan además que Catalina era famosa por comer de este manjar hasta casi reventar.






Pero en la España de Al-Andalus, ya se distinguían diversas variedades, y debía ser alimento preciado en nuestra Península desde el principio de la colonización romana. Durante el Renacimiento, llegó a ser considerada pecaminosa debido a sus propiedades afrodisíacas. 


En el Roman de Antoine Furetiere, escrito en 1666, se advierte: 


"... si alguna de ustedes hubiere comido alcachofa, sería señalada con el dedo..."


Los colonos españoles y franceses afincados América la introdujeron en este continente.


Su simbología la considera como una flor espinosa, de color violeta, y en cuyo interior se esconde un cáliz, el llamado corazón de la alcachofa.
Lo cierto es que es exquisita, ofrecemos algunas recetas...