La escuché este verano en un marco incomparable: la Colegiata de Santa María de Arbas. Una de las obras más hermosas de Chopin: Tristeza, bellísima (Estudio Opus 10 nº 3).
Lo que hace este estudio particularmente notable es la nostalgia y la emoción que fluyen a través de la música. Se dice que Chopin consideró esta obra como la más íntima de cuantas compuso, y proclamó que "nunca en toda mi vida he sido capaz de encontrar de nuevo una melodía tan hermosa". Durante una lección con su discípulo Adolf Gutmann, Chopin comenzó a llorar y gritó: "¡Oh, mi patria!". Es una de las mejores expresiones del amor que sentía por su Polonia natal.





















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