martes, 29 de septiembre de 2015

Falta de atención




Georgia O'Keeffe



Ayer me porté mal con el cosmos.
Viví todo el día sin preguntar por nada,
sin sorprenderme de nada.
Realicé acciones cotidianas, 
como si fuera lo único que tenía que hacer.
Aspirar, espirar, un paso tras otro, obligaciones,
pero sin pensamientos que fueran más allá
de salir de casa y volver a casa... 
 
Wislawa Szymborska







lunes, 28 de septiembre de 2015

El mapa




Harold Anderson



Un poema de Emilio Quintanilla Buey, poeta catalán



Yo sigo viendo España tal como la veía

en el mapa que había en mi escuela de niño.

Así aprendí a quererla y así es como la quiero:

una policromía en fondo azul marino

festoneada en blanco —la espuma de tres mares—

y colgando de Europa como cuelga un racimo.

Era un bello ensamblaje de tierras diferentes

el mapa de mi escuela de un pueblo palentino.


Decía mi maestro que la forma de España

es una piel de toro. Y vibraba al decirlo,

pero a mí me recuerda la colcha de una cuna

hecha por una abuela con retales cosidos.

Por eso algunas voces dicen que está mal hecha,

que hay que recomponerla, que hay trozos mal unidos,

y se invoca la historia, fijando cada uno

el momento en que empiezan a contarse los siglos.




Michael Gorban



Amé y amo aquel mapa. Lo dibujé mil veces,

crecí con él, y llega a tanto mi cariño

que ahora, muchos días, me acerco hasta la escuela

para ver si en España sigue todo en su sitio.

Y me fijo en el mapa. Sobre todo en su forma.

Quiero ver si está intacto en todo su perímetro

o si falta algún trozo en la parte de arriba

(Suele ser esa parte la primera que miro).


Si algún día compruebo que el mapa no está entero,

que por el uso torpe de un bisturí político

a mi España del alma le falta algún pedazo,

que alguien la ha desgajado y se la ha repartido,

allí mismo, en la escuela, se hará grito mi rabia

sin poder contenerme delante de los niños,

porque algo en lo más hondo de mí estará sangrando;

alguien habrá arrancado un trozo de mí mismo.


Ahora que aún es tiempo, a pesar de mis años

subiré hasta la cumbre de un elevado risco

y gritaré hacia el norte, hasta quedarme ronco,

poniendo mi maltrecho corazón en el grito:

¡Dejad en paz mi mapa! ¡No descosáis España!

¡No desgarréis la colcha que con tanto cariño

cosió un día una abuela, hace ya muchos años,

para cubrir la cuna donde todos nacimos!





domingo, 27 de septiembre de 2015

De otra manera




Lena Friess


Me levanté de la cama 
con dos piernas fuertes.
Podría haber sido 
de otra manera. Comí
cereal, leche
dulce, un melocotón
maduro, perfecto. Podría 
haber sido de otra manera.
Llevé al perro cuesta arriba
al bosque de abedules.
Toda la mañana hice
el trabajo que me gusta.

Al mediodía me acosté
con mi compañero. Podría
haber sido de otra manera.
Cenamos juntos
en una mesa con candelabros
de plata. Podría
haber sido de otra manera.
Dormí en una cama
en una alcoba con cuadros
en la pared
y planeé otro día
exactamente igual a este.
Pero un día, lo sé,
será de otra manera.

Jane Kenyon





sábado, 26 de septiembre de 2015

Madre de Dios y Madre nuestra






Madre de Dios y Madre nuestra.
Ruega por nosotros.



 
Canto gregoriano. Monjas benedictinas.
Real Monasterio de San Pelayo. Oviedo.



Sábado, día del Rosario bloguero.
Feliz día.




jueves, 24 de septiembre de 2015

Cuando miras despacio




Escultura del Peregrino. San Marcos. León


Si te quedas mirando largamente
cualquier cosa del mundo
—un gorrión, una mujer, un árbol,
un río, un desengaño, tal poema
por el que pasa un río
y una mujer desengañada y sola
y en el que se alza un árbol al que acuden
los gorriones mientras cae la tarde—,
si miras cualquier cosa un largo rato
y dejas que entre en ti,
que te vacíe de tu oscuridad
y que en tu ser halle cobijo y sea,
verás y sentirás que cuando miras
tú eres mundo también,
que en ti la vida se entrecruza y canta,
y que todo es sagrado.

 Eloy Sánchez Rosillo

 
 





 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Sin palabras







Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras. 
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente. 
Que tú me entendieras a mí sin palabras 
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte, 
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes. 
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible, 
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte. 
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve. 
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma, 
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese. 
Criatura también de alegría quisiera que fueras, 
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas 
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil, 
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros, 
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…

Si ahora yo te dijera 
que es tu vida esa roca en que rompe la ola, 
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste, 
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha, 
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…

Si yo te dijera estas cosas, amigo, 
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente, 
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos? 
Y ¿cómo saber si me entiendes? 
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos? 
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte? 
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna, 
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.


(Respuesta. José Hierro)






domingo, 20 de septiembre de 2015

Si tú me olvidas






“Sé que una cosa no hay. Es el olvido; sé que en la eternidad perdura y arde lo mucho y precioso que he perdido”.
Jorge Luis Borges





Quiero que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.

Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

Pablo Neruda, Si tú me olvidas