jueves, 27 de noviembre de 2014

La música une a las personas...

 
 
 

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¡Qué nos una la música!
 
 
Vamos, no te preocupes, mi hermano,
en este mundo en el que todos somos lo mismo,
tenemos que encontrar la paz, debemos encontrarla juntos,
no está muy lejos de tu corazón.
Tienes la buena vibración.
Deja que tu corazón siga el ritmo...
 
 
 
¡Gracias!, por todo, mi querida Militos, eres un ángel, claro, transparente en mi vida. Nos une la música y muchísimo más.
 
 ¡¡¡FELIZ DÍA!!!
 
Esperaremos, siempre con Esperanza, ¡¡¡es preciosa!!!!
 
 



Y la última, que no puede faltar, mi querida amiga...
 

 
Comparto también aquí, contigo, el mensaje de Hoja:
 

Hoy te espero más que nunca.
Espero Tu Reino, Tu Venida.
.
Hoy he elegido
ser optimista aunque
el futuro parezca sombrío.
.
Somos seres inmortales
Tras la noche, volverá el sol.
Después de la amenaza del invierno
todo recuperará su encanto...
y mi hoja su verdor.
.
¡ La Luz, el Calor y el AMOR siempre triunfan!
Para siempre, para siempre, para siempre..


Te lo dejo con toda mi alma. Unidas, siempre.
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La luz





Luz del sol. Jhon  Alexander
 
 

     
 No se puede prever. Sucede siempre
cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas
por la calle, deprisa, porque se te hace tarde
para echar una carta en correos, o que
te encuentres en tu casa por la noche, leyendo
un libro que no acaba de convencerte; puede
acontecer también que sea verano
y que te hayas sentado en la terraza
de una cafetería, o que sea invierno y llueva
y te duelan los huesos; que estés triste o cansado,
que tengas treinta años o que tengas sesenta.
Resulta imprevisible. Nunca sabes
cuándo ni cómo ocurrirá.
                                               Transcurre
tu vida igual que ayer, común y cotidiana.
"Un día más", te dices. Y de pronto,
se desata una luz poderosísima
en tu interior, y dejas de ser el hombre que eras
hace sólo un momento. El mundo, ahora,
es para ti distinto. Se dilata
mágicamente el tiempo, como en aquellos días
tan largos de la infancia, y respiras al margen
de su oscuro fluir y de su daño.
Praderas del presente, por las que vagas libre
de cuidados y culpas. Una acuidad insólita
te habita el ser: todo está claro, todo
ocupa su lugar, todo coincide, y tú,
sin lucha, lo comprendes.
                                                         Tal vez dura
un instante el milagro; después las cosas vuelven
a ser como eran antes de que esa luz te diera
tanta verdad, tanta misericordia.
Mas te sientes conforme, limpio, feliz, salvado,
lleno de gratitud. Y cantas, cantas.
 
 
 Eloy Sánchez Rosillo





 

martes, 25 de noviembre de 2014

Una palabra y otra




Giuseppe Cacciapuoti



Qué poder tan inmenso y qué sencillo
le resulta ejercerlo a aquel que lo posee.
Ni el más grande monarca pudo nunca
decidir de manera semejante.
Ilusión y deseo, papel, pluma,
y decir poco a poco lo que ahora está ocurriendo,
lo que tus ojos ven, lo que piensas o sueñas,
tu verdad de este día. Y nada más.
Así se hará el poema, si la buena fortuna
te acompaña y decide que de un hombre
brote una luz tan alta y verdadera,
tan pura y para siempre. Es increíble.
Una palabra y otra, y una música
pequeña y suficiente. Y va surgiendo
delante de tus ojos, de tu asombro,
una tarde con sol, un pájaro, la lluvia,
la luna, una muchacha, la hierba, el mar, la nieve.
En el camino hay mucha incertidumbre,
pasos titubeantes que no saben
si se aproximan al lugar del canto
o si de allí se alejan de forma irremediable;
la vida en vilo hasta que todo acaba.
Después ya sólo queda la alegría
y un corazón con mucha gratitud. 


Eloy Sánchez Rosillo





Cecilia


 
 
C. Michael Dudash


Algo me afirma aquí dentro.
Mi amor por la vida,
los seres,
las cosas,
se hace cada día tan mayor.
 

Cecilia Casanova
 
 

Bryce Cameron Liston


De vez en cuando
existo tanto
como si hubieran
miles de yo multiplicándose.
Hoy por ejemplo
si me aplastaran
bajo unas piedras
o me enterraran
surgiría más allá
y más allá.
 

 Cecilia Casanova
 
 
 
 
 
 
 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Atte.

 
 
 
Atentamente
 
 
 
 
¡Feliz lunes!


 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Jesucristo, Rey del universo y de los corazones

 
 
 
Pantocrator. Panteón de los reyes. Real Colegiata Basílica de San Isidoro. León
 
 
"¿Es Cristo Rey y Señor de mi vida?"
 
 
Jesucristo Rey del universo y de los corazones

La solemnidad de Cristo Rey, en cuanto a su institución, es bastante reciente. La estableció el Papa Pío XI en 1925 en respuesta a los regímenes políticos ateos y totalitarios que negaban los derechos de Dios y de la Iglesia. El clima del que nació la solemnidad es, por ejemplo, el de la revolución mexicana, cuando muchos cristianos afrontaron la muerte gritando hasta el último aliento: «Viva Cristo Rey». Pero si la institución de la fiesta es reciente, no así su contenido y su idea central, que es en cambio antiquísima y nace, se puede decir, con el cristianismo. La frase «Cristo reina» tiene su equivalente en la profesión de fe: «Jesús es el Señor», que ocupa un puesto central en la predicación de los apóstoles.
 
 
 
Jesús Nazareno Rey de los Judíos. Raúl Berzosa
 
 
El pasaje evangélico es el de la muerte de Cristo, porque es en ese momento cuando Cristo empieza a reinar en el mundo. La cruz es el trono de este rey. «Había encima de él una inscripción: "Este es el Rey de los judíos"». Aquello que en las intenciones de los enemigos debía ser la justificación de su condena, era, a los ojos del Padre celestial, la proclamación de su soberanía universal.

Para descubrir cómo nos toca de cerca esta fiesta, basta con recordar una distinción sencillísima. Existen dos universos, dos mundos o cosmos: el macrocosmos, que es el universo grande y exterior a nosotros, y el microcosmos, o pequeño universo, que es cada hombre. La liturgia misma, en la reforma que siguió al Concilio Vaticano II, sintió la necesidad de trasladar el acento de la fiesta, haciendo énfasis en su aspecto humano y espiritual, más que en el –por así decirlo— político. La oración de la solemnidad ya no pide, como hacía en el pasado, que «se conceda a todas las familias de los pueblos someterse a la dulce autoridad de Cristo», sino que «toda criatura, libre de la esclavitud del pecado, le sirva y alabe sin fin».

En el momento de la muerte de Cristo, se lee en el pasaje evangélico --recordémoslo--, pendía sobre su cabeza la inscripción «Jesús es el Rey de los judíos»; los presentes le desafiaban a mostrar abiertamente su realeza y muchos, también entre los amigos; se esperaban una demostración espectacular de su realeza. Pero Él eligió mostrar su realeza preocupándose de un solo hombre, y encima malhechor: «Jesús, acuérdate de mi cuando estés en tu reino. Le respondió: "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso"».
 
 
 

 
 
En esta perspectiva, el interrogante importante que hay que hacerse en la solemnidad de Cristo Rey no es si reina o no en el mundo, sino si reina o no dentro de mí; no si su realeza está reconocida por los Estados y por los gobiernos, sino si es reconocida y vivida por mí. ¿Cristo es Rey y Señor de mi vida? ¿Quién reina dentro de mi, quién fija los objetivos y establece las prioridades: Cristo o algún otro? Según san Pablo, existen dos modos posibles de vivir: o para uno mismo o para el Señor (Rm 14, 7-9). Vivir «para uno mismo» significa vivir como quien tiene en sí mismo el propio principio y el propio fin; indica una existencia cerrada en sí misma, orientada sólo a la propia satisfacción y a la propia gloria, sin perspectiva alguna de eternidad. Vivir «para el Señor», al contrario, significa vivir por Él, esto es, en vista de Él, por y para su gloria, por y para su reino.

Se trata verdaderamente de una nueva existencia, frente a al cual la muerte ha perdido su carácter irreparable. La contradicción máxima que el hombre experimenta desde siempre –aquella entre la vida y la muerte-- ha sido superada. La contradicción más radical ya no es aquella entre «vivir» y «morir», sino entre vivir «para uno mismo» y vivir «para el Señor».
 
Raniero Cantalamessa, de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos
 
 
 
 

 
 
 
 
 

sábado, 22 de noviembre de 2014

Santa Cecilia, patrona de la música

 
 
 
Santa Cecilia. Simon Vouet
 


"La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso".

 Franz Liszt
 
 
"La música es el verdadero lenguaje universal".
 
Carl M. Weber

 
 
El martirio de Santa Cecilia. Stefano Maderno. Basílica de Santa Cecilia, Roma.

 
“Esta belleza enternecedora, esa inefable dulzura en la muerte. La santa Cecilia de Maderno es la inocencia desarmada que ha vencido al mundo adueñándose del corazón de los verdugos”.

 Emile Mâle, El arte religioso en la Contrarreforma.
 

 

 
"Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música".
 
 Aldous Huxley