sábado, 28 de marzo de 2015

Poema de los dones

 
 
 
 
 


Gracias quiero dar
por la noche y por la lluvia
que nos devuelve la memoria de la madre.
Gracias por la mujer
que da forma a la belleza,
por el sexo, que une
en una sola carne
dos soledades,
y por el sueño que nos permite
el viaje a la muerte
y el regreso.
Gracias por el viento
que nos hace extraños de nosotros mismos
y por la piedra
que aspira a soñar la eternidad.
Gracias quiero dar por los niños
que no conocen ni la culpa ni la muerte,
y por la música,
alma en epifanía transcendida.
Gracias por la luz que nos devuelve el mar
en los ojos de la amada
y por el aire vivificante y saludable.
Gracias por la belleza que nos llena y acobarda
y por el amanecer
que nos ofrece la ilusión de la primera vez.
Gracias
por la juventud y por los sentidos
por el laurel y por el trigo.
Gracias por el vino, que nos sume
en un tránsito indoloro,
por la hierba, más tenaz que el tiempo,
y por el arte,
que nos transciende y sobrevive.
Gracias quiero dar
por los días que compartes conmigo,
por la caricia y por el beso.
Gracias por el mar, absoluto y poderoso.
Gracias por el silencio y por el verso.


Xulio  López Valcárcel
 
 
 
 

viernes, 27 de marzo de 2015

Comienzo de la Semana Santa: Salve

 
 
 

 
 
Comienza la Semana Santa, y en León lo hace con la Procesión de la Dolorosa, que es la encargada de abrir una Semana de Pasión y Resurrección, la Semana Santa Leonesa, con una hermosa talla, la Virgen del Mercado, popularmente conocida como la Morenica, a la que numerosas personas acompañan alumbrando con velas a la Virgen pidiéndola o agradeciéndola favores.
 
Con el rezo de la Salve y el Rosario, al pasar por el Monasterio de las Benedictinas, comienza nuestra Semana Santa.

 
 
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
 
 Amén.
 
 
¡Bendita, luminosa y feliz Semana Santa!
Y  recordando que mañana, sábado, es el día que los blogueros rezamos juntos el Rosario.
Gracias, Madre.
Y me voy a la procesión. 
 
 
 

 
 
 
 
 

Humildad

 
 
 
 
"Humildad es andar en verdad".
 
Santa Teresa de Jesús
 
 
 
Los fariseos eran gente que contaba con su propia fuerza para ser virtuosa. La humildad consiste en saber que en lo que se denomina “yo” no hay ninguna fuente de energía que permita elevarse. Todo cuanto en mí es valioso procede sin excepción de más allá de mí, y viene, no como don, sino como préstamo que debe ser renovado sin cesar”.
 
(S. Weil, La gravedad y la gracia, Madrid 1994, p. 79).




 

miércoles, 25 de marzo de 2015

¿Dónde estás?

 
 
 
  
 
Madre Sagrada, ¿dónde estás?
esta noche me siento partido en dos,
he visto las estrellas caerse del cielo,
Santa Madre, no puedo evitar llorar.

Oh, necesito tu ayuda esta vez,
para pasar esta solitaria noche.
Dime, por favor, en qué lugar girar,
para encontrarme nuevamente.

Santa Madre, escucha mi oración,
de alguna forma sé que estás allí todavía.
Por favor, dame algo de paz mental,
que se lleve este dolor.

No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por más tiempo.
No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por ti.

Santa Madre, escucha mi llanto,
he maldecido tu nombre cientos de veces.
Siento la ira corriendo por mi alma,
Santa Madre, no puedo mantener el control.

Oh, siento que el fin llegó,
mis pies no correrán más.
Tú sabes que preferiría estar
en tus brazos esta noche.

Cuando mis manos no toquen más,
ni mi voz permanezca, me desvaneceré.
Santa Madre, entonces estaré
acostado, a salvo en Tus Brazos.
 
 
 
En este concierto, Eric Clapton interpretó esta canción que escribió para la Santísima Madre, junto con Luciano Pavarotti y un magnífico coro Gospel.

Las palabras de la canción son una verdadera oración. En sus memorias: The Autobiography, el músico escribe sobre un momento de hundimiento que tuvo durante su rehabilitación en 1987:

"Yo estaba en la desesperación total", escribió Clapton. "En la intimidad de mi habitación, pedí ayuda. No tenía ni idea de con quién creía que estaba hablando, yo sólo sabía que había llegado al límite de mis fuerzas ... y, poniéndome de rodillas, me rendí. A los pocos días me di cuenta de eso ... Había encontrado un lugar, un lugar que siempre había sabido que estaba allí, pero que nunca realmente quería ni necesitaba, ni creía en él. A partir de ese día hasta hoy, nunca he dejado de rezar por la mañana, de rodillas, de pedir ayuda, y por la noche, para expresar gratitud por mi vida y, sobre todo, por estar sobrio".




Tú eres ...

 
 

 


Tú eres santo,
Señor solo Dios,
que obras cosas maravillosas.
 
Tú eres fuerte,
Tú eres grande,
Tú eres altísimo,
Tú eres rey omnipotente,
Tú, Padre Santo,
Rey del cielo y de la tierra.
 
Tú eres Trino y Uno,
Señor, Dios de los dioses.
Tú eres el bien,
todo bien,
el sumo bien,
el Señor Dios vivo y verdadero.
 
Tú eres amor y caridad,
Tú eres sabiduría,
Tú eres humildad,
Tú eres paciencia,
Tú eres belleza,
Tú eres mansedumbre,
Tú eres seguridad,
Tú eres calma,
Tú eres alegría y gozo,
Tú eres nuestra esperanza,
Tú eres justicia,
Tú eres templanza,
Tú eres toda nuestra riqueza y suficiencia,
Tú eres toda nuestra dulzura,
Tú eres nuestra vida eterna,
grande y admirable Señor,
Dios omnipotente,
misericordioso salvador.

 Amén



 

Mercado laboral

 
 
 

 
 
 
Antonio Garrigues e Iñaki Gabilondo inauguraron el Foro de Empleo de la Universidad CEU San Pablo. Ambos profesionales mantuvieron un encuentro con los estudiantes en el que analizaron las claves del mercado laboral.
 
 Muy interesante.
 
 
 
 
 
 
 

martes, 24 de marzo de 2015

Un texto...

 
 
 
Lectora ensimismada. Pablo Gallo 

 
 
 Aunque la tecnología nos tenga encantados, no hay nada como el olor y el tacto de un libro...

 

Genial... Hay que ser realmente idiota para...


Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.

Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo.
 
Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.



 


Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforescente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso –lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad– yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas. (…)




 

Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.

Julio Cortázar. La vuelta al día en ochenta mundos

 
 

 Schubert Serenade - Fischer-Dieskau
 


Imágenes: Pablo Gallo.