domingo, 10 de enero de 2016

Nexo de unión




Bautismo de Cristo. Joachim Patinir
Museo de Historia del Arte. Viena.



Con la celebración del Bautismo del Señor, concluye el ciclo de celebraciones del tiempo de Navidad. Puede parecer extraño la asociación de este misterio con los del nacimiento e infancia de Cristo. El nexo de unión viene dado por la Epifanía, es decir, la manifestación de su divinidad.

En la tabla que contemplamos, del flamenco Patinir, queda clara esta relación, cuando sobre el cielo azulado se abre un punto de claridad, desde donde el Padre Eterno se dirige hacia la escena primera, en la que san Juan está bautizando en el río Jordán a Jesús.





Un poema precioso que he leído hoy:


¡Enamórate!


Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.


Pedro Arrupe, sj









viernes, 8 de enero de 2016

jueves, 7 de enero de 2016

Atardecer en la catedral




 La catedral de Santa María de León reflejada en un charco de la Plaza de Regla.
 J. A. Alcalde


¿Quién dijo que en un día de lluvia no se pueden hacer buenas fotos?



Por las calles desiertas, nadie. El viento
y la luz sobre las tapias
que enciende los aleros al sol último.
Tras una puerta se queja el agua oculta.
Ven a la catedral, alma de soledad temblando.
Cuando el labrador deja en esta hora
abierta ya la tierra con los surcos,
nace de la obra hecha gozo y calma.
Cerca de Dios se halla el pensamiento.
Algunos chopos secos, llama ardida
levantan por el campo, como el humo
alegre en los tejados de las casas.
Vuelve un rebaño junto al arroyo oscuro
donde duerme la tarde entre la hierba.
El frío está naciendo y es el cielo más hondo.
Como un sueño de piedra, de música callada,
desde la flecha erguida de la torre
hasta la lonja de anchas losas grises,
la catedral estática aparece,
toda reposo: vidrio, madera, bronce,
fervor puro a la sombra de los siglos.
Una vigilia dicen esos ángeles
y su espada desnuda sobre el pórtico,
florido con sonrisa por los santos viejos,
como huerto de otoño que brotara
musgos entre las rosas esculpidas.



Nuestra Señora la Blanca (Capilla de la piedad o de los dolores).
 Juan Bautista Vázquez “el Viejo". Catedral de Ávila


Aquí encuentran la paz los hombres vivos,
paz de los odios, paz de los amores;
olvido dulce y largo, donde el cuerpo
fatigado se baña en las tinieblas.
Entra en la catedral, ve por las naves altas
de esbelta bóveda, gratas a los pasos
errantes sobre el mármol, entre columnas,
hacia el altar, ascua serena,
gloria propicia al alma solitaria.
Como el niño descansa, porque cree
en la fuerza prudente de su padre;
con el vivir callado de las cosas
sobre el haz inmutable de la tierra,
transcurren estas horas en el templo.
No hay lucha ni temor, no hay pena ni deseo.
Todo queda aceptado hasta la muerte
y olvidado tras de la muerte, contemplando,
libres del cuerpo, y adorando,
necesidad del alma exenta de deleite.



Catedral de Zamora


Apagándose van aquellos vidrios
del alto ventanal, y apenas si con oro
triste se irisan débilmente. Muere el día,
pero la paz perdura postrada entre la sombra.
El suelo besan quedos unos pasos
lejanos. Alguna forma, a solas,
reza caída ante una vasta reja
donde palpita el ala de una llama amarilla.
Llanto escondido moja el alma,
sintiendo la presencia de un poder misterioso
que el consuelo creara para el hombre,
sombra divina hablando en el silencio.
Aromas, brotes vivos surgen,
afirmando la vida, tal savia de la tierra
que irrumpe en milagrosas formas verdes,
secreto entre los muros de este templo,
el soplo animador de nuestro mundo
pasa y orea la noche de los hombres.

Luis Cernuda





martes, 5 de enero de 2016

Epifanía del Señor




"Vieron al Niño con María, su madre,
y postrándose le adoraron."
(Mt 2,11)




Un fragmento de esta homilía luminosa:


"Los hombres que entonces partieron hacia lo desconocido eran, en cualquier caso, hombres de corazón inquieto. Hombres movidos por la búsqueda inquieta de Dios y de la salvación del mundo. Hombres que esperaban, que no se conformaban con sus rentas seguras y quizás una alta posición social. Buscaban la realidad más grande. Tal vez eran hombres doctos que tenían un gran conocimiento de los astros y probablemente disponían también de una formación filosófica. Pero no solo querían saber muchas cosas. Querían saber sobre todo lo que es esencial. Querían saber cómo se puede llegar a ser persona humana. Y por esto querían saber si Dios existía, dónde está y cómo es. Si él se preocupa de nosotros y cómo podemos encontrarlo. No querían solamente saber. Querían reconocer la verdad sobre nosotros, y sobre Dios y el mundo. Su peregrinación exterior era expresión de su estar interiormente en camino, de la peregrinación interior de sus corazones. Eran hombres que buscaban a Dios y, en definitiva, estaban en camino hacia él. Eran buscadores de Dios (...)

La peregrinación interior de la fe hacia Dios se realiza sobre todo en la oración. San Agustín dijo una vez que la oración, en último término, no sería más que la actualización y la radicalización de nuestro deseo de Dios. En lugar de la palabra «deseo» podríamos poner también la palabra «inquietud» y decir que la oración quiere arrancarnos de nuestra falsa comodidad, del estar encerrados en las realidades materiales, visibles y transmitirnos la inquietud por Dios, haciéndonos precisamente así abiertos e inquietos unos hacia otros (...)

Ellos eran también y sobre todo hombres que tenían valor, el valor y la humildad de la fe. Se necesitaba tener valentía para recibir el signo de la estrella como una orden de partir, para salir –hacia lo desconocido, lo incierto, por los caminos llenos de multitud de peligros al acecho. Podemos imaginarnos las burlas que suscitó la decisión de estos hombres: la irrisión de los realistas que no podían sino burlarse de las fantasías de estos hombres. El que partía apoyándose en promesas tan inciertas, arriesgándolo todo, solo podía aparecer como alguien ridículo. Pero, para estos hombres tocados interiormente por Dios, el camino acorde con las indicaciones divinas era más importante que la opinión de la gente. La búsqueda de la verdad era para ellos más importante que las burlas del mundo, aparentemente inteligente (...).






Un vídeo para mí entrañable que siempre dejo este día. Gracias, Hoja.


¡Feliz noche y día de Reyes! 







lunes, 4 de enero de 2016

En espera de los Reyes Magos...





Howard Lyon





El abeto (O Tannenbaum) es un villancico de origen alemán, extendido universalmente. En español recibe tres nombres: El abeto, Qué verdes son y Árbol de Navidad. Su origen se remonta al siglo XVI y ha tenido, posteriormente, numerosas versiones y arreglos. Una de las más extendidas es la de Melcior Frank (1573-1639).


Letra original


Al cielo azul, al cielo azul,
¡oh abeto!, van tus ramas. 
Al cielo azul, al cielo azul
se elevan cual plegaria.

La blanca y fría Navidad 
ofrece dichas al mortal.
Al cielo azul, al cielo azul,
¡oh, abeto!, miras tú.

¡Oh, luz de Dios, estrella azul!, 
que tiemblas en la altura. 
Brille tu luz en el portal,
do el sol de amor oculto está.

¡Oh, luz de Dios, estrella azul!, 
que tiemblas en la altura.






domingo, 3 de enero de 2016

Violín




La violinista. Paolo Giovanni Bedini




La violinista es Sara Chang, Meditación de Thais, de Messenet. Maravilloso.



Antonin Dvořák, Romanza  para Violín y Orquesta. Tanja Sonc, es la violinista. 


Tanto peor para la madera que se descubre violín, escribió Rimbaud en sus Cartas del vidente, pero prefiero esta variación más positiva:

¿Y si un trozo de madera descubre que es un violín?







sábado, 2 de enero de 2016

Pato




Elena Shumilova



Quién fuera pato
para nadar, nadar por todo el mundo,
pato para viajar sin pasaporte
y repasar, pasar, pasar fronteras,
como quien pasa el rato.
Pato.
Patito vagabundo.
Plata del norte.
Oro del sur. Patito danzaderas.

Permitidme, Dios mío, que sea pato
¿Para qué tanto lío,
tanto papel,
ni tanta pamplina?
Pato.

Mira, como aquél
que va por el río
tocando la bocina…

Blas de Otero