miércoles, 12 de septiembre de 2018
lunes, 10 de septiembre de 2018
sábado, 8 de septiembre de 2018
Natividad de María
"María conservaba todas estas cosas
meditándolas en su corazón" (Lc 2, 19)
El espectáculo más hermoso que un pueblo puede ofrecer es, sin duda, el de
su fe. En este momento soy testigo de una conmovedora manifestación de
la fe que os anima, y ante todo quiero expresaros mi admiración. Acogí de buen
grado la invitación a venir a vuestra bellísima isla con ocasión del centenario de
la proclamación de la Virgen de Bonaria como vuestra patrona principal. Hoy,
juntamente con el espectáculo de la estupenda naturaleza que nos rodea, me
ofrecéis el de la ferviente devoción que albergáis hacia la santísima Virgen.
¡Gracias por este hermoso testimonio! Estamos en el día del Señor, el domingo,
pero, dada la circunstancia particular, la liturgia de la Palabra nos ha propuesto
lecturas propias de las celebraciones dedicadas a la santísima Virgen. En
concreto, se trata de los textos previstos para la fiesta de la Natividad de
María, que desde hace siglos se ha fijado el 8 de septiembre, fecha en la que en
Jerusalén fue consagrada la basílica construida sobre la casa de santa Ana,
madre de la Virgen. Son lecturas que contienen siempre una referencia al
misterio del nacimiento. Ante todo, en la primera lectura, el estupendo oráculo
del profeta Miqueas sobre Belén, en el que se anuncia el nacimiento del Mesías.
El oráculo dice que será descendiente del rey David, procedente de Belén como
él, pero su figura superará los límites de lo humano, pues "sus orígenes son de
antigüedad", se pierden en los tiempos más lejanos, confinan con la eternidad;
su grandeza llegará "hasta los últimos confines de la tierra" y así serán también
los confines de la paz (cf. Mi 5, 1-4).
Para definir la venida del "Consagrado del
Señor", que marcará el inicio de la liberación del pueblo, el profeta usa una
expresión enigmática: “Hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz"
(Mi 5, 2). Así, la liturgia, que es escuela privilegiada de la fe, nos enseña a
reconocer que el nacimiento de María está directamente relacionado con el del
Mesías, Hijo de David.
El evangelio, una página del apóstol san Mateo, nos ha presentado precisamente
el relato del nacimiento de Jesús. Ahora bien, antes el evangelista nos ha
propuesto la lista de la genealogía, que pone al inicio de su evangelio como un
prólogo. También aquí el papel de María en la historia de la salvación resalta
con gran evidencia: el ser de María es totalmente relativo a Cristo, en particular
a su encarnación. "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo" (Mt 1, 16). Salta a la vista la discontinuidad que existe en
el esquema de la genealogía: no se lee "engendró", sino "María, de la que nació
Jesús, llamado Cristo". Precisamente en esto se aprecia la belleza del plan de
Dios que, respetando lo humano, lo fecunda desde dentro, haciendo brotar de la
humilde Virgen de Nazaret el fruto más hermoso de su obra creadora y
redentora.
Ave María, Franz Schubert
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Los álamos de plata
Los álamos de plata
se inclinan sobre el agua,
ellos todo lo saben, pero nunca hablarán.
El lirio de la fuente
no grita su tristeza.
¡Todo es más digno que la Humanidad!
La ciencia del silencio frente al cielo estrellado,
la posee la flor y el insecto no más.
La ciencia de los cantos por los cantos la tienen
los bosques rumorosos
y las aguas del mar.
El silencio profundo de la vida en la tierra,
nos lo enseña la rosa
abierta en el rosal.
¡Hay que dar el perfume
que encierran nuestras almas!
Hay que ser todo cantos,
todo luz y bondad.
¡Hay que abrirse del todo
frente a la noche negra,
para que nos llenemos de rocío inmortal!
¡Hay que acostar al cuerpo
dentro del alma inquieta!
Hay que cegar los ojos con luz de más allá,
a la sombra del pecho,
y arrancar las estrellas que nos puso Satán.
¡Hay que ser como el árbol
que siempre está rezando,
como el agua del cauce
fija en la eternidad!
¡Hay que arañarse el alma con garras de tristeza
para que entren las llamas
del horizonte astral!
Brotaría en la sombra del amor carcomido
una fuente de aurora
tranquila y maternal.
Desaparecerían ciudades en el viento.
Y a Dios en una nube
veríamos pasar.
martes, 28 de agosto de 2018
miércoles, 1 de agosto de 2018
Salamina
El Partenón de Atenas se edifica durante el período denominado "plena época clásica", que se desarrolla tras la finalización de la Segunda Guerra Médica (480-479 a.C.).
La construcción del Partenón viene a coincidir en gran parte con el gobierno del arconte Pericles (443-429), durante el cual se consolida el sistema democrático y la polis de Atenas vive unos años de esplendor, paz y prosperidad. El contacto del gobernante con filósofos como Anaxágoras es posible que explique el afán por la proporción y el orden que apreciamos en el Partenón. Todo ello queda recogido en la frase del filósofo: "al principio era el caos; después vino la inteligencia, que todo lo puso en orden".
Durante la Segunda Guerra Médica se libró la decisiva batalla naval de Salamina, con el rey Jerjes y Temístocles al mando, respectivamente, de persas y griegos.
Y este poema, que explica la importancia de Salamina, me llevó a configurar esta entrada:
Y este poema, que explica la importancia de Salamina, me llevó a configurar esta entrada:
SALAMINA
POR esto ha sido escrito el Partenón
con la más bella tinta de la tierra.
Por esto se ha labrado el pensamiento
en la piedra más sabia y perdurable.
Por esto estás hablando en lengua libre.
Enrique Badosa
La batalla de Salamina marcó un punto de inflexión en las Guerras Médicas. Tras este combate naval entre griegos y persas, el Peloponeso, y por extensión Grecia como una entidad, se salvaron de la invasión del Imperio Persa. Los persas, por su parte, sufrieron un duro golpe a su prestigio y moral.
Tras las posteriores batallas de Platea y Mícala desapareció para los griegos la amenaza de invasión, los aliados pudieron pasar a la contraofensiva. La victoria helena permitió que Macedonia se rebelara posteriormente contra su dominio.
Con Salamina se inició un giro decisivo en el balance de fuerzas a favor de los griegos, que culminó en su victoria final y en una reducción considerable del poder persa en el mar Egeo.
De haber perdido los griegos contra los persas en el siglo V a C, la cultura clásica griega no se habría desarrollado ni extendido.
El triunfo heleno en las Guerras Médicas aseguró la supervivencia de la cultura griega.
En la antigüedad los griegos creían que los dioses se comunicaban con ellos mediante oráculos.
Fue ya san Agustín, en el siglo V, quien introdujo definitivamente a la Sibila Eritrea en la tradición cristiana. En La ciudad de Dios narra que disertando sobre Cristo con el procónsul Flaciano, este le mostró un códice griego en el que estaban copiados unos versos de la pitonisa. Se trataba de una composición acróstica que formaba la frase: “Iesus Christus, Dei Filius, Salvator”, esto es, el origen divino de Jesucristo predicho desde tiempos inmemoriales. San Agustín incluyó la traducción latina de los versos en su obra y pasó a formar parte de la liturgia cristiana durante la Edad Media.
En la Grecia clásica, la Sibila era el arquetipo de la profetisa y la sacerdotisa. Mujer de sabiduría y vehículo de las revelaciones divinas, constituía a la vez el símbolo de la mujer arcaica que reunía muchos atributos encarnados antaño por las Diosas Madres del Paleolítico, las Magna Mater de Oriente y del mundo clásico grecorromano, como Isis, Ishtar, Deméter y Atargatis.
La Sibila más antigua (en la mitología griega) parece haber sido "Trofile", hija de Júpiter y de Lamia (hija de Neptuno), pero las más conocidas de las diez sibilas (o doce, según las fuentes), son las cinco pintadas por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina:
1. Cuma
2. Persea
3. Eritrea
4. Délfica
5. Líbica
Cada una de ellas predijo el advenimiento de la era cristiana, por ello el Papa Julio II quiso que figuraran en el conjunto de pinturas encargadas por él para la Capilla Sixtina.
Sibila Eritrea. Catedral de León. Pórtico occidental
Fue ya san Agustín, en el siglo V, quien introdujo definitivamente a la Sibila Eritrea en la tradición cristiana. En La ciudad de Dios narra que disertando sobre Cristo con el procónsul Flaciano, este le mostró un códice griego en el que estaban copiados unos versos de la pitonisa. Se trataba de una composición acróstica que formaba la frase: “Iesus Christus, Dei Filius, Salvator”, esto es, el origen divino de Jesucristo predicho desde tiempos inmemoriales. San Agustín incluyó la traducción latina de los versos en su obra y pasó a formar parte de la liturgia cristiana durante la Edad Media.
En torno al siglo X, la figura de la Sibila aparece por primera vez como composición musical con estribillo en un manuscrito de la abadía benedictina de San Marcial de Limoges, y arraiga definitivamente en el sur de Europa a partir del siglo XII, por lo general, en las catedrales.
El manuscrito de Limoges sirvió como base argumental para la realización de dramas litúrgicos vinculados con la Navidad (la misma idea del anuncio de la segunda llegada de Dios, Parusía) denominados el Canto de la Sibila, de melodía gregoriana. Se interpreta de forma tradicional en la Misa de Gallo en las iglesias de Mallorca principalmente.
En el Canto de la Sibila las visiones apocalípticas son trágicas y desgarradoras, pero la música que las acompaña es armónica y mágica.
Se cantó durante siglos por la voz onírica de un niño, ya que las mujeres tenían prohibido hacerlo dentro de los templos, salvo en los monasterios femeninos.
Por este canto milenario, la luz de las sibilas -Délfica, Pérsica, Líbica, Cimeria, Eritrea, Samia, Cumana o Cuma, Helespóntica, Frigia y Tiburtina- sigue todavía viva en voz y figura femenina.
El canto de la Sibila, Iudicium Signum, Anónimo, siglo X
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