viernes, 20 de julio de 2012

Goethe y el joven Werther




Goethe en la campiña romana. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein 


Johann Wolfgang Goethe, poeta, novelista, dramaturgo, pintor y científico, nació en el seno de la familia formada por Johann Casper Goethe y Catharina Elisabeth Textor, hija del alcalde de Frankfurt. Johann estudió desde muy joven gran diversidad de materias, pero especialmente lenguas (latín, griego, inglés y francés), pero su gran pasión juvenil fue el dibujo. Pronto se interesó por la literatura, siendo Friedrich Gottlieb Klopstock y Homero sus primeras influencias.

El joven Goethe se trasladó a Leipzig en 1765 para estudiar Derecho. Pero aprender de memoria leyes y más leyes no era del gusto de Johann, quien prefería asistir a las lecciones de poesía de Christian Fürchtegott Gellert. Debido a su falta de interés por sus estudios, Goethe es forzado por su familia a volver a Frankfurt en 1768. De vuelta en casa las relaciones con su padre empeoraron tanto que en 1770 fue enviado a finalizar sus estudios en Straßburg. En la ciudad alsaciana Goethe conoció a Johann Gottfried Herder, quien fue crucial en el desarrollo intelectual del joven Johann. Herder sembró en Goethe el interés por Shakespeare y Ossian, y Johann empieza a producir bellísimos poemas.

Termina sus estudios brillantemente a pesar de todo y el gobierno francés, por entonces en posesión de la capital germana de la Alsacia, le ofrece un puesto que Goethe rechaza.
De vuelta en Frankfurt comenzó a trabajar como abogado, pero su estilo vehemente y sus ideas de renovación le proporcionaron prontos y sonados fracasos. Retoma su labor literaria, esta vez ya con el apoyo resignado de su padre; en 1774 colabora con Herder en la publicación del manifiesto considerado como el nacimiento del romanticismo en Alemania, Sturm und Drang y termina la novela Die Leiden des jungen Werther (Las desventuras del joven Werther). Esta novela  mostró de manera descarnada el desencanto de la juventud alemana.
En 1775 acepta la invitación del Carlos Augusto de Weimar para que se traslade a su corte. Goethe fijaría en Weimar ya definitivamente su residencia, donde desarrolló el resto de su fecunda obra hasta su muerte.




La residencia de Goethe, en Weimar, y la cocina de su casa natal en Frankfurt.


Goethe fue amante de la buena mesa y muy amigo del cocinero más importante de la época, Antonin Carème, el rey de los cocineros.

Es sabido que amó la comida casera de Turingia y las verduras frescas de la zona, tales como espárragos, acelga, espinaca y calabaza. Ocupaba a varias cocineras de las inmediaciones que hacían traer la verdura recién cosechada de sus huertas para elaborar las exquisiteces de la región.





Pero, sobre todo, fue el vino una de sus grandes pasiones, junto a la propia escritura y el baile:
 “El vino alegra el corazón del hombre y la alegría es la madre de todas las virtudes“.


Al vino dedicó el poema Ergo Bibamus:


Unidos aquí estamos para una acción laudable;
por tanto, hermanos míos, arriba. Ergo bibamus!
Resuenen nuestros vasos y callen nuestras lenguas;
levantar vuestras almas muy bien. Ergo bibamus!

He aquí una sentencia tan vieja como sabia;
conserva su vigencia hoy lo mismo que antaño,
y un eco nos aporta de espléndidos festines,
esta jovial y grata consigna: Ergo bibamus!

Hoy he visto a mi dulce amada placentera;
al punto fui y me dije: "Bueno está. Ergo bibamus!"
Me acerqué sin recelo y ella me acogió bien.
Y entonces repetí mi alegre Ergo bibamus!

Mas lo mismo si os mima y os acaricia y besa,
que si nos niega adusta su corazón y brazos,
¿qué recurso nos queda, mientras no nos sonríe,
que de nuevo apelar al viejo Ergo bibamus!

De los amigos lejos cruel destino me lleva.
¡Oh fieles camaradas! ¿Qué hacer? Ergo bibamus!
Ya me marcho cargado con liviano bagaje;
quiere decir se impone un doble Ergo bibamus!

Y aunque a veces el cuerpo la carcoma nos roa,
nunca de la alegría vacío el tesoro hallamos;
que el alegre al alegre suele prestar rumboso,
así que, hermanos mios, ¡venga un Ergo bibamus!

Ahora bien: ¿qué debemos cantar en este día?
¡Yo tan sólo pensaba cantar Ergo bibamus!
Pero recuero ahora su especial importancia;
así que alzar las voces. De nuevo Ergo bibamus!

Este día se nos mete la dicha por la puerta;
resplandecen las nubes, tiembla el trigo dorado;
y una imagen divina brilla ante nuestros ojos;
así que alegremente cantad Ergo bibamus!


 




Las desventuras del joven Werther, novela semiautobiográfica, hizo que Goethe se convirtiera en una de las primeras celebridades literarias.

Se presenta como una colección de cartas escritas por Werther, un joven artista de temperamento sensible y apasionado, y dirigidas a su amigo Wilhelm. En estas cartas, Werther revela datos íntimos de su estancia en el pueblo ficticio de Wahlheim (basado en la ciudad de Garbenheim), donde queda encantado por las tradiciones simples de los campesinos y saboreando los alimentos que ellos mismos han plantado.
Un bello fragmento alusivo a los placeres de los sabores naturales... 


21 de junio


Mis días son tan felices como los que Dios reserva y hace gozar a los elegidos; pase lo que pase, en adelante no podré decir que no he conocido el gozo y la alegría; el gozo y la alegría más puros de esta vida. Tú conoces mi Wahlheim; en él me he instalado en definitiva. Desde aquí sólo tengo que caminar media legua para ir a casa de Carlota, en la cual gozo de mí mismo; disfruto de toda la felicidad que puede gozar el hombre. ¿Cómo hubiera podido imaginar, cuando escogí Wahlheim para mis paseos, que se hallaba tan cerca del paraíso? ¡Cuántas veces al vagar sin objeto por esos lugares, bien fuera por la cumbre de la montaña o por la llanura, o más bien, más allá del río, he dirigido la mirada a ese pabellón que encierra hoy el objeto de todos mis deseos. 

Mil veces he reflexionado, querido Guillermo, sobre ese deseo natural que tiene el hombre de ampliarse, de hacer descubrimientos, de abarcar y dominar todo lo que le rodea; y después, por otro lado, sobre ese segundo pensamiento interior que le asalta, de enterrarse a voluntad en ciertos límites, de no salir del surco trazado por la costumbre, sin ocuparse de lo que sucede y pasa a diestra y siniestra [...]




Guisantes. Emili Godes



Con mucha frecuencia, al despuntar el alba, salgo corriendo y voy a mi querido Wahlheim; voy a buscar yo mismo mis guisantes al huerto de mi huéspeda y me distraigo en mondarlos mientras leo a Homero; después me voy a la cocina a elegir una vasija, a cortar mi manteca y poner los guisantes en la lumbre; me siento al pie del hogar y los meneo de vez en vez. En esos momentos me represento a los fieros amantes de Penélope, degollando, despedazando y haciendo asar los bueyes y los cerdos. No hay nada en el mundo que me dé más placer que el considerar estos rasgos característicos de la vida, patriarcal, con los que gracias al cielo puedo sin daño entrelazar el tejido de mi vida.


Edward Weston. Hoja de repollo


¡Qué dichoso me siento de poder sentir la inocente y sencilla felicidad del hombre que ve sobre su mesa figurar la berza que él ha plantado! No disfruta sólo el placer de saborearla, sino del recuerdo de la hermosa mañana en que la plantó, de las apacibles tardes en que la regó y del gusto que le traía verla crecer y redondearse cada día. Todos estos placeres y fruiciones las saborea él en aquel solo momento.

 
En Goethe se inspiró Tchaikovsky para componer este lied , una de sus más conocidas canciones. Se basa en el poema original  titulado Nur wer die Sehnsucht kennt  (Sólo tú que sabes lo que es la añoranza), al que han puesto música muchos compositores, desde Beethoven y Schubert en adelante.

Sehnsucht es un concepto similar a la saudade portuguesa y suele traducirse por nostalgia o anhelo. Es una idea muy recurrente en el romanticismo alemán, quizá por eso es irresistible para los compositores de aquella época. Bellísimo.





¡Sólo el que ha conocido la nostalgia
sabe lo que yo sufro!
Sólo y alejado de toda alegría,
miro el vacío del firmamento.

Quien me ama y me conoce está lejos.
Siento vértigo, me queman las entrañas.
¡Sólo aquél que conoce la nostalgia
sabe lo que yo sufro!







6 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho leer este post. De vez en cuando leo a Goethe. Al recordarlo ahora, el proximo día que valla a la biblioteca cojeré uno de él.
    Besos.

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    1. Gracias, Josefa, por tu visita.
      Me alegro de que te guste.
      Un beso.

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  2. Mira que me gustó poco en la facultad leer a Goethe, pero eso es porque no me diste tú esta clase magistral. La has bordado y me ha encantado.
    No sabía muchas cosas de las que cuentas, y me ha gustado ver las fotos de su casa.
    ¡Un millón de gracias por esta entrada!

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    1. Muchas gracias, pero no tiene más mérito que el de haber disfrutado mucho haciéndolo.
      Me alegro de que te guste, es un placer que vengas.
      ¡¡¡Besos!!!

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  3. Esta entrada me la guardo para leerla cuando haya más tranquilidad en casa, ahora... ni pensarlo.

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    1. Es normal, lo primero es lo primero...
      Disfruta. Un beso fuerte.

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