domingo, 31 de agosto de 2014

Me sedujiste, Señor...

 
 
 

 

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste, me pudiste. La palabra de Dios se me volvió escarnio y burla constantes, y me dije: No me acordaré de Él. Pero sentía la palabra dentro como fuego ardiente encerrado en los huesos.
(Jr 20, 7-9)
 
 


- Señor, no soy nada

¿por qué me has llamado?

 Has pasado por mi puerta y bien sabes

 que soy pobre y soy débil.

¿Por qué te has fijado en mí?


ME HAS SEDUCIDO, SEÑOR, CON TU MIRADA

ME HAS HABLADO AL CORAZÓN

Y ME HAS QUERIDO.


ES IMPOSIBLE CONOCERTE Y NO AMARTE.

ES IMPOSIBLE AMARTE Y NO SEGUIRTE

¡ME HAS SEDUCIDO, SEÑOR!


- Señor, yo te sigo

y quiero darte lo que pides

aunque hay veces que me cuesta darlo todo.


Tú sabes, yo soy tuyo.

Camina, Señor, junto a mí


- Señor, hoy tu nombre

es más que una palabra.

 Tu voz hoy resuena en mi interior

y me habla en el silencio.


¿Qué quieres que haga por Ti?




 

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