domingo, 30 de noviembre de 2025

Tiempo de Adviento





La esperanza cristiana está inseparablemente unida al conocimiento del rostro de Dios, el rostro que Jesús, el Hijo unigénito, nos reveló con su encarnación, con su vida terrena y su predicación, y sobre todo con su muerte y resurrección.

Como se puede apreciar en el Nuevo Testamento y en especial en las cartas de los Apóstoles, desde el inicio una nueva esperanza distinguió a los cristianos de las personas que vivían la religiosidad pagana. San Pablo, en su carta a los Efesios, les recuerda que, antes de abrazar la fe en Cristo, estaban «sin esperanza y sin Dios en este mundo» (Ef 2, 12). Esta expresión resulta sumamente actual para el paganismo de nuestros días: podemos referirla en particular al nihilismo contemporáneo, que corroe la esperanza en el corazón del hombre, induciéndolo a pensar que dentro de él y en torno a él reina la nada: nada antes del nacimiento y nada después de la muerte.

Benedicto XVI, 1domingo de Adviento, 2007




Veni, veni, Emmanuel
Captivum solve Israel
Qui gemit in exsilio
Privatus Dei Filio

Gaude! Gaude! Emmanuel
Nascetur pro te Israel!

Veni, O Sapientia
Quae hic disponis omnia
Veni, viam prudentiae
Ut doceas et gloriae



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