viernes, 11 de abril de 2014

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Es sencillo ser feliz, lo difícil es ser sencillo. Mons. Munilla







 

lunes, 7 de abril de 2014

Sencillez







¡Sencillez, hija fácil
de la felicidad!
Sales, lo mismo, por las vidas, que el sol de un día más,
por el oriente. Todo
lo encuentras bueno, bello y útil,
como tú, como el sol.
¡Sencillez pura,
fuente del prado tierno de mi alma,
olor del jardín grato de mi alma,
canción del mar tranquilo de mi alma,
luz del día sereno de mi alma!

Juan Ramón Jiménez





sábado, 5 de abril de 2014

Miseria y pobreza

 
 
 
 
 
 
A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir (...)
 
 
 
Sábado, día del Rosario bloguero.
 
 
 
 
 
 

jueves, 3 de abril de 2014

Evangelizar con Espíritu

 
 
 
 
 
 
Para no olvidar estas palabras del Papa Francisco en su Evangelii Gaudium:
 
 
Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida. Cada vez que uno vuelve a descubrirlo, se convence de que eso mismo es lo que los demás necesitan, aunque no lo reconozcan: "Lo que vosotros adoráis sin conocer es lo que os vengo a anunciar" (He 17,23). A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno. Cuando se logra expresar adecuadamente y con belleza el contenido esencial del Evangelio, seguramente ese mensaje hablará a las búsquedas más hondas de los corazones: "El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza" (1).
 
El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor.
 
 
 
 
 
 
Pero esta convicción se sostiene con la propia experiencia, constantemente renovada, de gustar su amistad y su mensaje. No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que  ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos. El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.

Papa Francisco, Evangelii Gaudium, La alegría del Evangelio, 265,266
 
 
 
(1) Juan Pablo II, Carta enc. Redemptoris missio (7 diciembre 1990), 45:AAS 83 (1991), 292.
 
 
 
 
 

miércoles, 2 de abril de 2014

¡Olé!







Os dejo un vídeo que me han enviado: Olé, olé y olé...


No hay pequeñas tareas, ni instrumentos menores, solo grandes talentos que hacen cosas mayores.

Que disfrutéis, el repiqueteo de las castañuelas es la alegría misma.






Una lágrima






En algo tan pequeño como una lágrima cabe algo tan grande como un sentimiento...



“Una gota
diminuta,
lenta,
circulatoria gota,
como un astro pequeño,
transparente,
consistente en su brillo,
una
minúscula
maravilla
redonda,
cae,
desde
un mundo sufriente
cae,
desde
un trasfondo
amargo,
triste,
desolado,
cae,
desde
tus ojos tan claros
cae,
y
cae,
y
mudamente
me habla
tu
terminante
lágrima.”


Alejandro Amusco: -”Soliloquio“.- “El sortilegio de Hécate”








Imagen: Nicoletta Tomas





martes, 1 de abril de 2014

Referentes





 
De día eres ese murmullo
que envuelve a la gente;
y ese silencio que sigue a las campanadas del reloj
que vuelve a cerrarse lentamente.
Pero cuando el día va muriendo
y, con abandono, se sumerge en la noche,
tú existes más y más, Dios mío. ¡Como el
humo que se eleva de los tejados, así sube tu reino!
 
  Rainer Maria Rilke