SIEMPRE estamos llegando a destiempo a todas partes, a ver grullas canadienses en Nebraska en el momento exacto en que se han ido, o el otoñal follaje de Vermont que no alcanza su pico todavía. No hace falta, ni siquiera, ir muy lejos. Llegamos siempre tarde a ese instante milagroso en que eclosionan de repente los capullos, las crisálidas, los huevos, aunque antes fuéramos a verlos con frecuencia, cuando aún eran tiempos prematuros. No hay que salir siquiera de uno mismo. También llegamos tarde a esta vida para conocer con hondura a los abuelos, y se nos pasan muy rápido los años para saborear la infancia sabiamente o alcanzar la madurez que se precisa para aprovechar el tiempo siendo jóvenes. Vivimos a destiempo. Así es la vida. No te extrañe, si sientes que no estás allí donde deberías, que un portento te está esperando en un lugar lejano, mientras estás aquí ocupado en tonterías. Solo puedes estar en un instante, el que has de bendecir con sus afanes pues cargan con la imprenta de tu espíritu. Estás en el lugar preciso si agradeces. Será lo único que no hagas a destiempo.
Marcela Duque, Variación a un tema de Billy Collins y Sarah Kay (A destiempo)
Permíteme tener los ojos grandes. Tener los ojos grandes es un acto de voluntad, básicamente aceptar ser pieza de caza del asombro.
Yo consiento: cómeme el corazón en el rito ancestral de la belleza, deja hueco a lo atávico salvaje en la pupila absorta. Hospeda una revelación que la dilate, la haga pura o antártica, que haga del ojo devoración de oscuras autopistas.
Pupila qué alta pupila pupila cuántas águilas pupila el cuarto de los evangelios pupila crece desmesurada estrella incertidumbre y fuego ascuas en ascuas.
Déjame tener los ojos grandes y una fuente en mi centro, una fuente que duela y que refulja.
Quizá eso es la poesía: un trepar de mí misma por mis ojos, una herida que piensa.
Carmen Palomo Pinel, Ser mirada
Bach: Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit, BWV 106 (El tiempo de Dios es el mejor momento)
Dijiste sí y en tu vientre latía divina la salvación Hágase en mí, de corazón, la voluntad de mi Señor Que se cumplan en mí cada día los sueños de Dios.
María, las tinieblas se harán mediodía A una sola palabra que digas, en tus labios alumbra ya el sol María, la doncella que Dios prometía Un volcán de ternura divina, primavera de Dios Redentor.
Gabriel tembló, conmovido con tanta belleza Madre de Dios, cuélame en tu mirada de amor de la Anunciación Hágase en mí, de corazón, la voluntad de mi Señor Que se cumplan en mí cada día los sueños de Dios.
María, las tinieblas se harán mediodía A una sola palabra que digas, en tus labios alumbra ya el sol María, la doncella que Dios prometía Un volcán de ternura divina, primavera de Dios Redentor.
Hágase en mí, de corazón, la voluntad de mi Señor Que se cumplan en mí cada día los sueños de Dios.
María, las tinieblas se harán mediodía A una sola palabra que digas, en tus labios alumbra ya el sol María, la doncella que Dios prometía Un volcán de ternura divina, primavera de Dios Redentor.