martes, 7 de agosto de 2012

Una tarta de fresas

 
 
 
La vida sencilla. Mickie Acierno
 


"Siempre nos quedarán las palabras" 

 
Su padre, el señor Samuel Allen, era fontanero, y su madre, La señora Vivian Allen, se dedicaba por las mañanas a cuidar ancianos en un hospital de ladrillo rojo rodeado por una verja de hierro. Cuando volvía a casa, se lavaba cuidadosamente las manos, porque siempre le olían un poco a medicina, y se metía en la cocina a hacer tartas, que era la gran pasión de su vida.


 

Niña con fresas. Charles Baxte



La que mejor le salía era la de fresas, una verdadera especialidad. Ella decía que la reservaba para las fiestas solemnes, pero no era verdad, porque el placer que le sentía al verla terminada era tan grande, que había terminado por convertirse en un vicio rutinario, y siempre encontraba en el calendario o en sus propios recuerdos alguna fecha que justificase aquella conmemoración. Tan orgullosa estaba la señora Allen de su tarta de fresa que nunca le quiso dar la receta a ninguna vecina. Cuando no tenía más remedio que hacerlo, porque le insistían mucho, cambiaba las cantidades de harina o de azúcar para que a ellas les saliera seca y quemada.
 
- Cuando yo me muera- le decía a Sara con un guiño malicioso-, dejaré dicho en mi testamento dónde guardo la receta verdadera, para que tú le puedas hacer la tarta de fresa a tus hijos.
“Yo no pienso hacerles nunca tarta de fresa a mis hijos”, pensaba Sara para sus adentros.

Carmen Martín Gaite.  Caperucita en Manhatann






4 comentarios :

  1. Dlicioso texto el que hoy nos has regalado.

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  2. Me ha encantado. Martín Gaite es lo más.
    Un millón de gracias.

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    1. Es verdad, sabe comunicar muy bien los sentimientos, siempre nos quedarán sus palabras.
      Gracias a ti.¡¡¡Besos!!!

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