sábado, 8 de septiembre de 2012

El reto de la Nueva Evangelización







Una reflexión para meditar (la referencia a la parábola del payaso es fundamental).
Merece la pena escucharlo.
 
 
"El reto de la Nueva Evangelización" fue el lema de la séptima edición de las Jornadas de Católicos y Vida Pública organizadas por la Delegación de Apostolado Seglar y la Asociación Católica de Propagandistas, el día 24 de marzo de 2012, en la Facultad de Ciencias de la Educación.

La primera ponencia, titulada "Comunicar la fe en un mundo complejo. Intersticios y resistencias", corrió a cargo del Director de la Cátedra Ethos de la Universidad Ramón Llull y consultor del Consejo Pontificio de la Cultura de la Santa Sede, Francesc Torralba.

La Nueva Evangelización tiene que ser un momento oportuno para profundizar en lo que creemos,  a no tener miedo a transmitir públicamente la fe, a salir fuera de nuestros entornos, y a tener en cuenta que los cristianos estamos llamados a ser "sal de la tierra" en el mundo.




 

martes, 4 de septiembre de 2012

La comida en el bosque: Florecillas de santa Clara



Éxtasis de Francisco y Clara durante una frugal comida. Pintura del Hno Alfredo Colás. 
Comedor conventual del Colegio de San Antonio de Padua de Carcaixent



“Hay unos que no rezan ni se sacrifican; hay muchos que sólo viven para la idolatría de los sentidos. Ha de haber compensación. Alguien debe rezar y sacrificarse por los que no lo hacen. Si no se estableciera ese equilibrio espiritual, la tierra sería destrozada por el maligno”.

Santa Clara de Asís




Hoy, me encontré con estas palabras de santa Clara, al arrancar la hoja del calendario; hermosas palabras:


Con andar presuroso,
con paso ligero,
sin que tropiecen tus pies,
ni aún se te pegue
el polvo del camino,
corre seguro,
gozoso y expedito
la senda de las bienaventuranzas.




Santa Clara llora la muerte de san Francisco
Giotto di Bondone




Y ellas me llevaron a mirar sus Florecillas...


El 11 de agosto de 2012, se clausuró  el VIII Centenario de la Consagración de Santa Clara de Asís, co-fundadora, junto a san Francisco de Asís, de la Orden de las Damas Pobres, o clarisas.


Os dejo uno de los relatos más bellos sobre su vida, en las Florecillas:


La comida en el bosque

Francisco iba y volvía a Santa María de los Ángeles, en tanto que Clara se hallaba siempre encerrada en San Damián. Ella sabía que no andaba mal viviendo de día en día más pobre; pero deseaba consultar con Francisco, a quien llamaba su padre y sostén.
Cuando se enteraba que Francisco se encontraba en Santa María de los Ángeles, le rogaba que visitase San Damián. Francisco, empero, pasaba de largo; quería evitar que la gente se escandalizase de sus entrevistas con aquellas mujeres.

Sin embargo, Clara sentía particulares deseos de comer una vez con Francisco. No hay amigo o pariente que deje de sentir este deseo de comer con el pariente o amigo.
Esta necesidad de comer es, en verdad, humillante para el hombre espiritual; mas cumplida en compañía, viene a ser un rito que hermana y eleva. El mismo Jesucristo aceptó la invitación de comer con los publícanos, y a sus discípulos les dejó su misma Persona como manjar común en la Mesa Eucarística.

Clara deseaba comer una vez con Francisco, mas éste aplazaba indefinidamente la fecha hasta tal punto que los compañeros de Francisco sintieron compasión por Clara y hablaron a aquél en tono de reprensión: «Padre —le dijeron—, no nos parece conforme a la caridad este tu proceder. Clara abandonó todos los bienes del mundo y es una planta de tu jardín espiritual. ¿Por qué no quieres acceder en una cosa insignificante como es tener una refección contigo?».

Francisco reconocía su rigor excesivo, pero quería el consejo de los amigos. Temía que su simpatía por Clara nublara la razón. Por eso les preguntó: «¿Os parece a vosotros que deba yo acceder?». «Sí, Padre. Clara merece éste y otros muchos más consuelos». «Pues si os parece así a vosotros, a mí también».

Pero no fue San Damián el lugar escogido, sino Santa María de los Ángeles. «Ella —dijo Francisco con ternura de padre— se halla en San Damián desde mucho tiempo. Creo que le gustará salir fuera un poco y volver a ver de día el lugar donde se le cortó de noche el pelo. Comeremos en el bosque en el nombre de Jesucristo».

Y Clara pudo al fin bajar a la Porciúncula. Se arrodilló delante de la Virgen y recorrió luego el sitio sembrado de cabañas a la sombra del bosque. Clara caminaba con los pies desnudos por aquellos senderos pedregosos. Se llegó hasta el vallado que marcaba los lindes y se paró junto al pequeño torrente.

El sol filtraba penosamente su luz en la selva, y balanceaba el viento las copas de los pinos, y celebraban festivos los pajaritos el arribar de la primavera.

Llegada la hora de comer, se sentaron en tierra en torno a una piedra lisa. El compañero de Francisco y la compañera de Clara sirvieron los mendrugos de pan y un jarro de agua fresca.

Antes empero de probar bocado habló Francisco del Señor y de su santo amor. Este amor de que hablaba Francisco fue algo así como una llama que prendió al punto en el alma de los comensales, arrebatándoles en éxtasis, y luego se extendió por el bosque con tal claridad que fue oscurecida la del sol.

La Porciúncula apareció envuelta en un gran resplandor que desde Asís parecía un tremendo incendio. Acudió la gente de lejos para extinguir el incendio, pero observaron, con admiración, que nada ardía en el bosque, aunque estaba envuelto en gran claridad.

Se adentraron en la espesura en busca de aquella potente luz irradiada, y encontraron, en torno a la mesa, a Clara, Francisco y los compañeros de ambos arrebatados en éxtasis. Un globo de luz les envolvía por completo, y la selva, como atónita, se hallaba en el mayor recogimiento, y los pajaritos encantados e inmóviles sobre los árboles.

Pasado algún tiempo fue atenuándose poco a poco la luz, hasta que se extinguió. Se dispersó la gente con respeto; se mecieron de nuevo suavemente los árboles; volvió a correr el agua del torrente y los pájaros reanudaron su vuelo entre los árboles.

Al fin se levantaron Clara y Francisco sin haber probado una migaja de la comida allí presente, pero saciados del manjar espiritual que les regaló el cielo.

Florecillas de santa Clara. La comida en el bosque




Santa Clara de Asís. Simone Martini


Así definen a santa Clara los propios franciscanos:

«De personalidad fuerte, valerosa, creativa, fascinante, dotada de extraordinaria afectividad humana y materna, abierta a todo amor bueno y bello, tanto hacia Dios como hacia los hombres y hacia las demás criaturas. Persona madura, sensible a todo valor humano y divino, que está dispuesta a conquistarlo a cualquier precio».


Fue la primera mujer en conseguir, tras una larga lucha, la aprobación pontificia de una Regla propia y el insólito «privilegio de la pobreza». Una mujer y una Santa de talla excepcional.



Dos secuencias de la película Hermano sol y hermana luna (Franco Zeffirelli) :


San Francisco está reconstruyendo la iglesia de san Damiano y su amigo Bernardo se acerca para tratar de entender qué le pasa a su amigo Francesco. Se escucha la Canción de san Damiano (hacia la mitad de la cinta):


Si quieres que tu sueño se realice, constrúyelo lenta y pero decididamente.
Pequeños comienzos, grandes finales.
El trabajo sentido con el corazón crece puramente.
Si quieres vivir la vida libre, tómate tu tiempo, ve lentamente.
Haz pocas cosas, pero hazlas bien. Las simples alegrías son sagradas.
Día a día. piedra a piedra, construye tu secreto lentamente.
Día a día tú crecerás también, conocerás la gloria del cielo.









Clara ya tenía diecisiete años y en su casa comenzaban a preparar la boda con Rainiero. El Obispo se arriesgó a proteger a Clara, como antes lo había hecho con Francisco. El Domingo de Ramos, al comenzar la procesión de las palmas, el Obispo se acercó a Clara y puso en su mano un ramo de olivo. Ella se quedó inmóvil, comprendió que aquella era la señal. Era la aprobación de la Iglesia para salir al encuentro de su Señor. Y aquella misma noche, Clara veló hasta que la ciudad quedó dormida y su casa silenciosa. A la medianoche, huyó por la puerta de los muertos. Y se fue, calle abajo. Atrás dejaba a su familia, su casa, la boda, su situación de privilegio y seguridad. Sola corrió bajo la luz de la luna llena. Corrió hasta la puerta de la ciudad. Allí la esperaban el hermano Francisco, fray Rufino, fray Bernardo, fray Felipe. Entre cantos de gozo bajó, con su escolta de pobres, hasta la ermita de la Porciúncula. Allí celebró sus bodas, se abrazó para siempre a Jesucristo como esposa virgen y pobre. Se despojó de los vestidos caros y se vistió una túnica tosca que ciñó con una cuerda. Francisco con devoción y temblor le cortó el cabello. ¡Qué momento! Desde ese momento Clara Favarone sería Clara de todos, la hermana Clara de Asís.












domingo, 2 de septiembre de 2012

Aunque es de noche...




 
Y la noche es mi luz...

Es verdad que el místico busca a Dios con la necesidad con la que la cierva busca corrientes de agua, o la tierra reseca y agostada espera la lluvia. Pero nada ilumina su marcha, más que el amor que Dios mismo ha puesto en ella. Sabe hacia dónde camina, pero sólo la fe le marca el rumbo: [...]

Es verdad que "el corazón tiene razones...". Pero la razón del corazón es el deseo de infinito que él es incapaz de dominar. La razón del corazón es el vaciado de infinito que sólo en el infinito, el inabarcable, el imposeíble, el indominable tiene su razón de ser.
El místico, por eso, no se distingue del creyente a duras penas que somos la mayor parte de los creyentes; no se distingue del no creyente a duras penas que todos llevamos dentro, por haber salido de la noche en la que el resto de los mortales estamos sumidos. Se distingue por haber progresado en la noche lo suficiente para que la noche sea para él "amable como la alborada"; por haberse hundido en ella tanto que la noche es para él otra forma de luz: et nox illuminatio mea..., y la noche es mi luz.
 
El fenómeno místico. Juan Martín Velasco
 
 
 
 
Noche estrellada sobre el Ródano. Vincent Van Gogh

 
 
De noche iremos, de noche,
sin luna iremos, sin luna,
que para encontrar la fuente
sólo la sed nos alumbra.
 
 Luis Rosales
 
 
 
Imagen Juan Yanes

 
   
 Cantar del Alma

Que bien sé yo la fonte que mana y corre
aunque es de noche.

Aquella eterna fonte está ascondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beban della,
aunque es de noche.

Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.

Su claridad nunca es escurecida,
y sé que toda luz della es venida,
aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosas sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan, y las gentes,
aunque es de noche.

El corriente que nace desta fuente
bien sé que es tan capaz y tan potente,
aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.

Aquesta Eterna fuente está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas
porque desta agua se harten aunque a oscuras,
porque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.
 
 San Juan de la Cruz
 
 
 
 
 

viernes, 31 de agosto de 2012

Y agosto se va...



Inevitablemente, cuando llega septiembre, me invade una cierta tristeza; no es porque empiezo a trabajar, para mí la enseñanza no es sólo trabajo, es mi vocación, siempre lo fue, pero se va una de mis hijas a estudiar fuera, y nunca me acostumbro. He buscado uno de los libros que les leía cuando eran pequeñas, antes de acostarse, y lo he encontrado: "El pájaro del alma"

 
   

 
 
 
Hace unos días, "mis otros niños",  me han dejado este vídeo en el correo: "Como sabemos que te gusta, te lo mandamos..." Mis "otros niños" son de la catequesis. Soy catequista de mi parroquia desde hace años, y este año recibieron la Confirmación; son unos soles, cada poco me envían mensajes; les recuerdo con mucho cariño. Pasamos juntos tres años muy bonitos y enriquecedores; juntos aprendimos a valorar más el maravilloso don de la fe. Recibí constantemente Luz en su compañía y me ayudaron a leer la Palabra con "los ojos de un niño". Sin necesidad de grandes análisis, enseguida captaban la esencia. Han sido una bendición.
 
Os dejo el vídeo, son amantes de la música y tocan maravillosamente el violín y la flauta travesera
 
 
 

 
 
Y termino con otro cuento.
 
Os quiero.
 
 

 
 
 
Ayer me enteré de que el autor del magnífico blog ENSEÑ-ARTE falleció en julio del año pasado. Lo siento mucho. Descanse en Paz. Su blog permanece, un gesto muy generoso.
 
 
 Y hoy, gracias a Tracy, me he enterado de que es el "Día del blog". Felicidades para todos.



 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Un delicioso café






Un paseo por los cafés en la pintura...


Café de París. Robert Finale



 El café. Pierre Auguste Renoir



La Pâtisserie (pastelería) Gloppe aux Champs-Élysées, 1889. Jean Béraud



Café de París. Joaquín Sorolla



Terraza del Café de la Place en Arlés, por la noche. Vincent van Gogh


"Aquí tienes un nocturno pintado sin una mota de negro, sólo hecho a base de un maravilloso azul, violeta y verde".  Vincent a Theo



En el café. Frederick Childe-Hassam



Café de Montmartre. Santiago Rusiñol



Café de la Paix. Edouard León Cortés



Terraza de café. Pierre Bonnard



Café  Royan. Pablo Picasso



Café de la Paix Opera. Antoine Blanchard



Interior de café. Édouard Manet



Café en la Riva degli Schiavoni. John Singer Sargent



Mujeres en la terraza de un café. Edgar Degas



Escena de café. Edouard Vuillard



Café nocturno en Plaza Lamartine, Arlés. Vincent van Gogh



Café. Edward Hopper



Terraza de café. Leonard Wren



El Palacio de Justicia de París. Thierry Duval



 En el café. Félix Vallotton



Café matinal en el Boulevard Grands Augustins. Ramón Ward-Thompson



La terraza del Café Du Glacier, Place Stanislas. Leon Joseph Voirin



  Café de la plaza. Laurent Parcelier
 


 Terraza de café. Nikolaj Klodt



Terraza en Sainte-Adresse. Claude-Monet.



Terraza de café. Itzchak Tarkay



Mesas. Aldo Balding



 La tertulia del Café  Pombo. José Gutiérrez Solana





Uno de los más famosos café-concierto de la noche parisina de finales del siglo XIX, el Folies-Bergère. La callada y ensimismada camarera, Suzon se llamaba, de mirada vacía, agotada, cierra este paseo.


Una última visita a los cafés de París...








lunes, 20 de agosto de 2012

El suflé de Sabrina









Sabrina, de Billy Wilder. 
Una obra maestra de la comedia romántica. Si soy honesta debo decir que todavía leo cuentos de hadas, son los que más me gustan, nos dice Audrey Hepburn.

Y como un cuento de hadas comienza la película:

" Érase una vez, en la ribera norte de Long Island, a unos cuarenta kilómetros de Nueva York, una niña que vivía en una enorme finca..."
  
Sabrina nos cuenta su vida junto a su padre, chófer de una acaudalada familia, los Larrabee. Contempla desde el jardín de la casa las fiestas que celebran, y sueña con una vida mejor. Está enamorada del hermano menor, David.





Para apartarla de sus fantasías románticas, su padre la envía a París a estudiar cocina en la famosa escuela Cordon Blue.
Sabrina le escribe cartas  desde un pequeño apartamento con un balcón situado al lado del Sacré Coeur.






"Querido padre: no sabes cuánto te quiero por haberme enviado aqui ...
Es una hora avanzada de la noche y al otro lado de la calle están tocando LA VIE EN ROSE!... es el modo que emplean aquí para decir ¡mira la vida como a través de un cristal... un cristal de color de rosa! y así es como yo la miro ahora...
He aprendido muchas cosas... a hacer crêpes... y una receta más importante: he aprendido a vivir, a no quedarme apartada contemplando como viven los demás ...
Por si no me reconoces cuando llegue, seré la mujer más "chic" que encontrarás en el andén..
Te quiere tu hija.
Sabrina"





Las escenas de cocina son muy divertidas. La cocina tiene una pared con una gran ventana circular con vistas a la Torre Eiffel; de pronto aparece un chef francés con gorro y bigote dando una lección sobre cómo cascar huevos.





O la famosa escena del suflé






El chef va pasando revista a los soufflés que han cocinado los alumnos.

Bajo. Blando. Duro. Muy bajo. Demasiado alto. Bien. Comme çi, comme ça... Demasiado duro. Superbe! mi querido Barón... Cuando mira el soufflé de Sabrina, murmura despectivamente: está crudo...
-No sé qué ha ocurrido... responde Sabrina desolada.
-Yo le explicaré lo que le ha ocurrido. Sencillamente se olvidó de encender el horno -le explica el Barón (es compañero de Sabrina en el cursillo de cocina).
-Hace tiempo que vengo observándola, señorita. No presta atención a las clases; su imaginación vuela muy lejos. Está usted enamorada y me atrevería a decir más: es usted desgraciada en amores.
-¿Se nota? -contesta Sabrina.
-Pues claro está. Una mujer afortunada en amores quema el soufflé. Pero una mujer desgraciada en amores no se acuerda nunca de encender el horno... Lo adivino, ¿verdad? -responde el Barón.






De su breve infancia en Bélgica, sabemos que la actriz conservó algunos gustos gastronómicos y una adicción de por vida al chocolate: "Seamos realistas, un agradable pastel cremoso de chocolate puede hacer mucho por un montón de gente, lo hace por mí".

(…) la acompañaba dos veces al día Dinty Moore’s, un pequeño restaurante que había al otro lado del teatro, donde servían un buensteak tartare, una especialidad europea hecha con solomillo de buey de la mejor calidad, picado y mezclado con huevo batido, mostaza, salsa worcestershire, cebolla, alcaparras y especias (…). Tras el estreno de Gigi, Audrey volvió por allí con frecuencia, acompañada de sus amigos para tomar lo que más le gustaba: los huevos escalfados con picadillo de carne, regados con cerveza belga.

Audrey Hepburn, La biografía, de Daniel Spoto






Os dejo la famosa receta:

Suflé de queso de Sabrina

4 dl de leche
150 gr. de harina
60 gr. de queso rallado Gruyère o Emmenthal
30 gr. de mantequilla
4 huevos

Cocer la leche y enfriar. En otro cazo, calentar la mantequilla, remover y añadir la harina. Mezclar con la leche. Añadir la sal y la pimienta.

Calentar de nuevo, añadir las 4 yemas, el queso y 4 cucharadas de leche fría.
Batir las claras y mezclar con la masa. Rellenar los moldes y hornear a 180° durante 15 minutos.



Fotografiada por Richard Avedon. Funny face ("Una cara con ángel)



Sencilla, fina, elegante y solidaria:

Recordar, siempre se necesita una mano que ayude, ellas están en el extremo de tus brazos. Mientras nos vamos haciendo más viejos, ellas nos recuerdan que una mano es para que te ayuden y la otra para ayudar.

Audrey Hepburn, con mucho encanto:

Cualquier persona que no crea en los milagros, no es realista.














jueves, 9 de agosto de 2012

El alma de la rosa




El alma de la rosa,  John William Waterhouse


“La vida tal como es,
   la poesía tal como la vida.”


Mujer sin nombre

Yo no digo tu nombre. Yo digo mi locura.
Mírame cómo tengo los labios: como ríos
que atraviesan cantando tu hermosura.

Digo mi gran fervor, mi desespero.
Digo lo que me quema cuando llegas
y cuando ya te has ido, lo que espero.
      
Escribo mi apetencia de ser dueño
de toda la candela de tus brazos,
para quemarme en ella como un leño.
    
Mujer sin nombre, sí, pero nombrada
por mil voces ocultas: por mi instinto
que te tiene de gritos coronada.
    
Mi sangre hinca su alarido ardiente
en mi carne, socava mi estatura
y en mi mismo te busca ciegamente.
  
Y por buscarte así, como a una herida,
es mi sangre de tu alma y de tu imagen
la desenterradora enfurecida.
      
Mujer casi imposible, yo te evoco.
Para acercarte más cierro los ojos,
y por cerrarlos casi que te toco.
    
Te veo saltar del fondo de mis versos
y caer junto a mi alma, con tu pecho
dividido en dos tibios universos.
   
Te oigo hablar y siento que me quema
esa llama de música que vive
dormida en las palabras del poema.

       Te miro andar y siento que tus pasos,
siempre que en el crepúsculo se alejan,
más se acercan al sitio de mis brazos.
   
Pienso en tu cuerpo cálido y moreno,
y el cóncavo brasero de mis manos
de tu cuerpo se siente casi lleno.
    
Cuando miro tu talle me pregunto
si en una habitación deshabitada
por estar solo lo tendré más junto.
      
Cuando miro tus muslos yo me digo
que quizás en el tiempo de la siega
serán de mis trigales dulce trigo.

Y cuando veo tu pelo anochecido,
pienso que va a temblar como una estrella
cuando mi beso arranque tu gemido.
     
Te espero, sí, con tanto desespero,
que la cal de mis huesos ya no puede
con la muerte profunda con que muero.
      
Ahora solo falta que te atrevas
y que congregues todas tus pasiones
con la pasión recóndita que llevas.
    
Mientras tanto yo soy el infinito,
y tú el surco de estrellas asediado
         por la semilla amarga de mi grito.