martes, 24 de junio de 2008

Oda al tomate (Pablo Neruda)

 
 


Bodegón con pepinos y tomates. Luis Meléndez



La calle se llenó de tomates,
mediodía, verano,
la luz se parte en dos mitades de tomates,
corre por las calles el jugo.
En diciembre
se desata el tomate,
invade las cocinas,
entra por los almuerzos [...]
Tiene luz propia,
majestad benigna.
Debemos, por desgracia,
asesinarlo:
se hunde el cuchillo en su pulpa viviente,
es una roja víscera,
un sol fresco, profundo, inagotable,
llena las ensaladas de Chile,
se casa alegremente con la cebolla,
y para celebrarlo se deja caer aceite,
hijo esencial del olivo,
sobre sus hemisferios entreabiertos,
agrega la pimienta su fragancia,,
la sal su magnetismo:
son las bodas del día,
el perejil levanta banderines,
las papas hierven vigorosamente,
el asado golpea con su aroma en la puerta,
es hora! vamos!,
y sobre la mesa, en la cintura del verano, el tomate,
astro de tierra, estrella repetida y fecunda,
nos muestra sus circunvoluciones,
sus canales,
la insigne plenitud y la abundancia sin hueso,
sin coraza,
sin escamas ni espinas,
nos entrega el regalo de su color fogoso,
y la totalidad de su frescura


Pablo Neruda (Odas elementales)




 

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