miércoles, 19 de agosto de 2015

Oración por nosotros, los de siempre




Ruizanglada


"Todo esto del Concilio está muy bien,
pero desengáñate: al final, al Cielo
iremos los de siempre."

(De un chiste de Mingote)



Aquí estamos nosotros, los de siempre,
nuestra virtud, que Tú tan bien conoces.


Nosotros Te creímos casi desde la cuna,
y hasta aquí Te seguimos
con paso regular, sin armar alboroto.
Perdónanos, Señor.  
                                Ni un minuto de duda.
No robamos a nadie, no injuriamos;
a la mujer del prójimo, ni un siquiera mirarla;
no quebrantamos nunca
el domingo, la Pascua, los ayunos,
los diezmos y primicias. Tú lo sabes:
los tuyos siempre. (Y sabes
que no siempre fue fácil). Perdónanos, Señor.


Mientras nuestros hermanos menores se embriagaban
en burdeles remotos, nosotros con los bueyes,
podando, vendimiando de sol a sol, doblados,
aguantándole al viejo
su malhumor, su gota, el que siempre estuviera
hablándonos del otro -el sinvergüenza aquel-.
Y de dinero, justos. Perdónanos, Señor.


Cuando Simón ("el Piedra")
Te negaba tres veces (y nosotros
temblábamos detrás de los olivos),
nuestro silencio estaba  -Tú lo sabes-
contigo: Y no digamos cuando Judas
Te traicionó. Perdónanos, Señor.


A nosotros no nos
hizo falta que nos crucificasen
a Tu derecha para creer en Ti -a última hora,
viendo ya muy de cerca
las puertas del Infierno ("Así cualquiera")-,
ni caer de un caballo,
ni reclamar a voces confesión
como los bandoleros de las viejas comedias,
que en un solo minuto, ¡zas!, santos de primera.
Nosotros, veinticuatro horas al día,
treinta días al mes, doce meses al año,
rectos en Tu camino. Perdónanos, Señor.


Mientras otras ovejas se Te descarriaban,
nosotros, gente de orden,
responsables, tranquilos, trabajando,
artesanos callados, en nuestra salvación.
Perdónanos, Señor.
                                Porque no Te entendimos:
vuelve a casa el perdido
aquel, oliendo a piara todavía,
y Tú que le organizas la gran fiesta;
a los que se pusieron
a trabajar cuando era prácticamente noche,
el 100% del sueldo; y a Simón lo haces Papa.
Y nosotros perplejos: "Pues sí que fuimos primos".
Perdónanos, Señor.
                                No Te entendimos.
Algunos nos decían: "Os ha faltado Amor";
y hubo quien sentenció que las mismas rameras
entrarán en Tu reino delante de nosotros.
Y nosotros perplejos: "¿Qué justicia es la Tuya?".
Perdónanos, Señor.
                                Tú sabes que lo hacíamos
todo por agradarte.
Tú sabes que si fuimos como fuimos,
si tuvimos estrecho el corazón,
si medimos en gramos, segundos y milímetros
la inmensidad de Tu misericordia
fue porque así formábamos parte de Tus designios:
la sombra que hace más clamorosa la luz.
Perdónanos, Señor. Y en nuestras obras mira,
más que los resultados,
                                      las buenas intenciones.


Miguel d' Ors, 30-1-03, Sol de noviembre. El misterio de la felicidad (Antología poética), págs. 219-222.




Creo que es uno de los poemas más profundos que he leído. Una verdadera oración, una catequesis, en todos los sentidos.





4 comentarios :

  1. Realmente, nuestra relación con el Señor es más sencilla de lo que parece, también el comprende a los de "siempre", porque fueron, fuimos, fruto de una educación determinada y de un largo etc. y El ya sabe... y por eso sólo mira "las buenas intenciones".
    Un abrazo en Cristo.

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    1. Es una maravilla de poema, lo releo muchas veces, pero el sábado llevé este libro a la montaña y me conmovió especialmente. Lo leí mirando la película de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson. Fui a desconectar el televisor, cambié sin pensar de canal y apareció esta película, justo en la escena de la flagelación. Fui leyendo el poema alternando con la película, hasta el final, la resurrección de Cristo. Lo leí al calor del fuego de la chimenea, ese sábado hizo frío en la montaña. Fueron momentos luminosos. El instante en el que haces tuyo un poema.

      Sí, Ël ya sabe, menos mal ... : "...fue porque así formábamos parte de Tus designios:
      la sombra que hace más clamorosa la luz". Qué maravilla de versos.

      Un beso muy grande, mi querida amiga. Me alegro mucho de que estés aquí.

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  2. Ay... "Los de siempre, " cuántas oraciones necesitamos, somos demasiado confiados.

    Precioso el poema, oración y catequesis, como muy bien dices, Rosa.
    Besiños, sabes que te quiero.

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    1. ¡Holaaaa, Militos!!!

      Sí, este poema no tiene desperdicio, es de una hondura que llega al alma. Una catequesis y una oración preciosas.

      Me alegro tanto de "verte" ...

      BESIÑOS, sabes que yo también te quiero mucho.

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