martes, 15 de enero de 2013

El colegio de la Asunción en el recuerdo








"La educación de la Asunción pretende sobre todo dar convicciones, profundizar las raíces que tarde o temprano ofrecerán sus frutos."

Santa María Eugenia de Jesús



El colegio de la Asunción cumple setenta años en la capital leonesa. Así se ha celebrado en noviembre de 2012.
Corría el mes de agosto del año 1942, cuando las religiosas de la Asunción llegaban a León. Todo comenzó en el número cinco de la calle Serranos. Ocho religiosas de la Asunción se afanaban en dar forma a un proyecto educativo y católico en León, en una España arrasada tras la Guerra Civil. Fundaron entonces el Colegio Nuestra Señora del Camino, en un gesto de veneración a la Virgen leonesa por antonomasia, pero que, con el tiempo, cambiaría de nombre.
Comenzaron con 80 alumnas, pero la demanda fue a más, y en poco más de un año, las asuncionistas comenzaron a buscar unos terrenos en los que ampliar su labor educativa, entonces desbordada por la demanda.
Fue ahí como, lo que hoy se conoce como la Asunción, se trasladó a la ubicación actual, en el límite entre la ciudad de León y la localidad de Navatejera. Era el año 1949.
En aquellos años a la Asunción acudían a estudiar sólo niñas. Ahora las instalaciones de este centro, de unos 30000 metros cuadrados, acogen a más de 700 niños y jóvenes que cursan desde Infantil, hasta Segundo de Bachillerato, además de una residencia universitaria en la que viven 70 chicas.

Hasta aquí, la resumida historia del colegio. Ahora, mi recuerdo de los años muy felices vividos en él ...





Con esta capa salíamos al recreo. Mi madre nos preparaba para el recreo unos bocadillos inmensos, enormes, eran famosos ... ¿me das un mordisco?, me decían (al bocadillo, ¡claro!).

Muchos y muy buenos recuerdos del colegio, tanto de mis hermanas como míos, desde niñas, hasta COU.

Vivimos momentos inolvidables. Un lugar entrañable, en todos los aspectos. Las sesiones con Bambo (un niño de raza negra, que nos concienciaba de la existencia del Tercer Mundo; cada poco tiempo, veíamos a BAMBO, en la sala de proyecciones); las suculentas tortitas de la Asunción, preparadas por las madres en las fiestas del colegio, bañadas con mermelada de melocotón, estaban riquísimas (tengo que buscar la receta); las canciones y las guitarras en la capilla; era una Misa vivida; en la capilla recibimos la Primera Comunión y la Confirmación, inolvidables; el baile que nos dejaban organizar con el colegio de enfrente, los jesuitas; sólo nos dejaban invitar a los jesuitas, porque ya los conocían; los bailes en el salón de actos; a veces, llegábamos tarde al autocar, se nos iba el tiempo bailando; las funciones de teatro, la Navidad con el concurso de villancicos, la clase de piano en el cuarto pequeño, diminuto; las escapadas para espiar por el colegio, por todos los rincones, es enorme, y muy atentas por si nos pillaban... unas vigilaban y otras de expedición, y a la inversa ... subíamos sigilosas las enormes escaleras, era como un laberinto ... nunca nos pillaron, aunque pienso que, más bien, nos dejaban, nos tenían vigiladas; los baños en la piscina del colegio, que era, en realidad, un pilón grande, pero lo pasábamos de maravilla; la visita de la Superiora General, la madre Josefina,  muy alta y dulce; la lectura del libro de la fundadora de las asuncionistas, la madre María Eugenia de Jesús, Y luchó por un Reino, se titulaba ... y en medio de la fuente, un surtidor que mana, por él sale, a borbotones, un agua plateada, ligera, fresca ... cuando el bueno del jardinero limpia la fuente, la fuente se vacía ... Recuerdo de memoria párrafos y párrafos ... era muy poético, con las tapas negras, ilustradas con un edificio y un carruaje, el título de color blanco, las hojas gruesas, brillantes ...




Las madres (religiosas) del colegio durante los primeros años.
 Más tarde, cambiaron el hábito, se simplificó.



Un homenaje muy especial para todas ellas, a las que tanto quería y quiero: la madre Germana, que me enseñó a leer; lo recuerdo como si fuera hoy, sentada y mirándola atentamente; encantadora y muy guapa; sus ojos eran negros, grandes, amorosos, brillaban. Lo primero en lo que me fijo de las personas es en los ojos, la mirada lo dice todo. Parece que los estoy viendo ahora mismo. Era el curso de "bebés mayores", así se denominaba; me saltaron "bebés pequeños", porque me llevaron al colegio más tarde, era opcional; a mi madre le parecía demasiado pronto ... es el primer recuerdo consciente que guardo de la niñez,  muy dulce, con la madre Germana ... gesticulaba para enseñarme las vocales: ooooooo, y su voz era suave, amorosa. Hermosa la madre Germana.

En casa, parece ser que me encontraba muy feliz, jugaba mucho, con todo, eso dice mi madre. Era una niña muy tranquila, mi entrada en el colegio no fue para nada traumática, nunca lloré, iba contenta;  eran unas monjas encantadoras, siempre pendientes de todo.

Madre Gloria y madre Clara, profesoras de Matemáticas en la sección de Infantil; la resta se me "atravesó", no me gustaba restar; la madre Gloria me llamaba Rosuca, ¡cuánto la recuerdo!
La  madre Ignacia era mayor, la consideraba una sabia, nunca nos reñía y la obedecíamos sin rechistar. La madre Pilar y la madre Elena, profesoras de Filosofía, mi adorada asignatura; disfrutaba en clase, me encantaba; el argumento ontológico de san Anselmo sobre la existencia de Dios: "Mi mente concibe un ser, mayor que el cual, no cabe pensarse otro...", me dejó entusiasmada; recuerdo muy bien cuando lo descubrí en el libro, me pareció lo máximo. ¡Qué clase más bonita!
La madre Cristina, Lengua y Literatura, un texto, otro texto, un placer.
La madre Abela, profesora de Física; siempre nos decía al comenzar la clase: ¡regardez, écoutez, parlez!, con voz potente; era biznieta del almirante Cervera, nos contaba historias de su bisabuelo y escuchábamos embelesadas.
La madre Asunción, profesora de Griego, muy dulce y estricta, con ojos azules cálidos. Me encantaba esta asignatura, tan fundamental y tan denostada hoy en día..
La madre Emérita, portera del colegio, la bondad personificada, con una sonrisa permanente; pequeña de estatura y grande de alma.

Mi abuela Rosa me recogía en el colegio, porque, en aquella época, la sección de Infantil se encontraba en el "colegio de abajo", como lo llamábamos, situado en la calle Serranos, y mis abuelos vivían al lado, en Ramón y Cajal;  más adelante, nos trasladábamos al "colegio de arriba", el actual, al que subíamos y bajábamos en el autocar. Recuerdo que siempre me recibía con una sonrisa. Era un sol mi abuela. La Madre encargada nos iba nombrando una a una a medida que llegaban a recogernos.

Buenas, inteligentes, cultas, comprometidas con el mundo, abiertas, dulces, elegantes en sus modales, eran finas, cariñosas y firmes, sencillas, muy caritativas, con un sentido muy claro de la docencia; una verdadera enseñanza personalizada. Eran buenas, es la sensación más nítida que guardo de ellas.
Así eran las religiosas de la Asunción que yo conocí, a las que agradezco infinitamente su labor. Mis padres siempre colaboraron estrechamente con el colegio.






Y a mis queridos profesores seglares: Madame, querida Madame. Se llamaba Amparo, pero siempre atendía por Madame, profesora de Francés; llevaba un pañuelo morado perfectamente anudado al cuello. Tomaba  una taza de café en clase, que bebía a sorbitos; nos gustaba mirarla. Era muy buena, con su acento perfecto de francesa nativa, muy estricta con la pronunciación; si fallábamos, nos llamaba "patos mareados". Cuando la pronunciación era correcta, exclamaba: "muy bien, sois sabias".

Dña. Elena Cañal, mi querida profesora de Latín e Historia del Arte, una gran docente, me encantaban sus clases; muy estricta y exigente, nos conocía bien, sabía perfectamente lo que cada una necesitaba. Me enseñó a amar estas asignaturas. Desde el comienzo, tuve clara mi pasión y vocación por las letras. Disfrutaba.

Dña. Rosa Salán, profesora de Física y Química, era muy cálida, recién licenciada; me quería mucho, aunque la Física me parecía aburrida ... que si un tren sale a velocidad ... o el principio de los vasos comunicantes ... los amperios, julios ...  pero la estudiaba, no había otro remedio. Sin embargo, la Química me encantaba. Un amor de persona.

Don Vicente, profesor de Matemáticas, muy serio y ordenado;  me interesaba la asignatura. Algunas veces, nos encontramos por la calle y se nota el cariño mutuo que nos tenemos; es como de la familia.

Doña Laura, querida profesora de Literatura: "señoritas, poned atención a este poema", nos decía levantando su dedo meñique; muy minuciosa a la hora de examinar y analizar los textos. Un lujo.

Don Antonio, profesor de Dibujo, lo recuerdo con sus gafas pequeñitas, se enfadaba si nos reíamos con alguna broma. Me encantaba dibujar a carboncillo.

Doña Esperanza, profesora de Historia y Geografía; estupenda, muy graciosa y buenísima persona; eran famosos los cuadernos con múltiples mapas, que dibujábamos y coloreábamos.
Sus hijas son amigas íntimas nuestras, como hermanas.

Don Ángel, profesor de Religión, paciente con todas. Y don Ignacio, el confesor, simpático y alegre. Cada poco, nos visitaba.

Y Maripi y Merche, profesoras de Educación Física, siempre las nombrábamos así, nos partíamos de risa cuando nos contaban sus anécdotas. La 'voltereta lateral' me daba miedo, no era mi fuerte; al final, conseguí superarlo.

Y no puede faltar Satur, el conductor del autocar del colegio; un amor de hombre, con una paciencia infinita ... si alguna vez llegábamos tarde, siempre nos esperaba ... ¡Satur!!! ¡Satur!!!, le llamábamos. Él se reía.

¡Qué buenos recuerdos! Ahora, se hacen cada vez más nítidos y entrañables. Un gran colegio y una etapa muy feliz en nuestra vida, tanto para mis dos hermanas como para mí.






La gruta de la Virgen en el colegio. Durante el mes de mayo le llevábamos flores y cantábamos; era como una excursión, pues se encontraba alejada del edificio principal.

El himno del colegio, es emocionante cantarlo y escucharlo, lo siento muy dentro. El uniforme ha cambiado. En nuestra época, la falda era de color azul marino.






Para amar y servir, Asunción toma el vuelo
tu misión es subir, tu destino es el cielo.
Sube llena de amor, sencilla, abierta y pura,
por caminos de amor, conquista más altura.

Sube llena de luz, con júbilo sincero,
que tu estela de luz, arrastra al mundo entero.

Sube yerga y veloz, ganando corazones,
y que nunca en tu voz, se apaguen las canciones.

Sube a tu Creador, con Cristo y con María,
sube llena de amor, que se ilumina el día.


Insignia y escudo del colegio
  La famosa "recompensa" cuando las notas eran buenas


Y éste es el himno "no oficial", el que cantábamos nosotras, las alumnas:

En la carretera de Nava, enfrente de los jesuitas,
hay un colegio de monjas ¡aupa!
que son las asuncionistas.
Dicen que el colegio es feo,
porque no tiene balcones,
pero tiene unas alumnas ¡aupa!
que roban los corazones.



Vida de santa María Eugenia de Jesús, fundadora de las religiosas de la Asunción.
Fue canonizada por el Papa Benedicto XVI, en la Basílica de San Pedro de Roma, el 3 de junio de 2007.




Vídeo de uno de los momentos de la ceremonia de canonización de María Eugenia de Jesús, en la Ciudad del Vaticano, con un tema basado en una frase suya:


"La tierra es un lugar de gloria para Dios."




Esta entrada se la dedico, con todo mi cariño, a mi querido colegio, en sus 70 años de vida en León.
Y a mis compañeras de clase, algunas mis amigas del alma hoy en día; toda la vida juntas.
Gracias, por toda vuestra dedicación.
Una labor encomiable. Una gran familia.
Fui profesora de Historia e Historia del Arte en el colegio. Mi primera experiencia como docente, recién licenciada. 


Saludos a todas las asuncionistas.
¡Viva el colegio de la Asunción!

El colegio en la actualidad ...






Para mis padres, a quienes las monjas del colegio querían mucho.
Mi padre les hacía reír y colaboró muy estrechamente con ellas.
Gracias, papá y mamá, por la elección de este colegio. Y gracias a Dios, por unos padres como vosotros.








13 comentarios :

  1. Gracias por compartir tus recuerdos. Me ha recordado a mi infancia en otro cole de monjas, pero de otra orden. También era femenino, (y no nos traumábamos, como pretenden ahora).

    Un beso grande, amiga.

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    1. Son muchos recuerdos, que afloran cada vez más. Sueño, a veces, con las grandes escaleras y los largos pasillos del colegio. Fue una época muy feliz.
      Me ha encantado escribir esta entrada, mis padres disfrutaban mucho con nosotras en el colegio.
      Me alegro de que te recuerde al tuyo. Es cierto, para nada nos traumábamos, son ganas de rizar el rizo.

      Un beso muy fuerte, querida amiga.

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  2. Querida Ros:, me encantan los recuerdos de los colegios, luego te leo despacio ahora vine a decirte:

    ARCENDO VUELVE HOY A CASA, LE DAN EL ALTA.
    ¡BENDITO SEA DIOS!

    un beso enorme.

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    1. ¡QUÉ ALEGRÍA MÁS GRANDE!!!!!

      MUCHAS GRACIAS, MILITOS.

      ¡BENDITO SEA DIOS!

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  3. Querida Rosa: tu siempre estás ami lado. Nos une unos lazos muy fuertes que son
    los de Dios.Siento también la muerte de tu padre. Sabemos que están en el Cielo, pero
    es muy duro.(Yo estaba muy unida a mi padre, con lazos espirituales muy fuertes)
    Seguiremos muy unidas en oración. Un abrazo muy fuerte.¡Gracias!

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    1. Yo también lo siento así, querida Marian.

      Es duro, es verdad, yo también estaba muy unida a mi padre, pero seguro que están en el Cielo, lo siento conmigo siempre.

      Unidas, Marian.

      Un beso muy fuerte. Gracias a ti.

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  4. Me ha recordado a mi colegio, también llevábamos capa.
    Un bonito y sentido homenaje.

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  5. Hola Rosa, perdona que te deje este comentario sin conocerte, Yo también fui al colegio de la Asunción en Santa Cruz de Tenerife y coincido contigo en casi todo lo que cuentas: las monjas eran elegantes, cultas y avanzadas. Nuestro edificio también era inmenso y rodeado por enormes jardines, con la correspondiente gruta dedicada a la Virgen de Lourdes a la que íbamos de excursión de vez en cuando. La tarta de la Asunción con su mermelada y esa especie de hojaldre, las celebraciones en el día de Santa Catalina, las lecturas de notas... Todo eso lo he vivido yo también. El uniforme azul marino, el uniforme de gala, los cuartuchos para las clases de piano, la recompensa, las bandas, las cintas... Tantas y tantas cosas en común.
    Desgraciadamente, en nuestro caso, el colegio ya no existe... sólo sobrevive el fantástico edificio, abandonado y convertido en un parque lleno de ocupas. Es muy triste y no entiendo por qué se ha llegado a esta situación. En fin, sólo quería saludarte y felicitarte por tu reportaje. Un abrazo

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    1. ¡Qué alegría, Alicia!, me encanta "verte" y todo lo que me cuentas. Cuántos recuerdos ¿verdad? Compartir estas vivencias, que unen tanto, es una maravilla. Todo lo que me dices, vivido exactamente igual, te lo agradezco mucho. Me recordaste la lectura de notas, las cintas, las bandas (primera banda, segunda banda...), rosas y azules...
      Me alegro mucho de encontrarte, Alicia...tantas y tantas cosas en común, son recuerdos muy nítidos, permanecen claros, de unos años estupendos vividos en el colegio.
      Siento mucho que se haya cerrado en Santa Cruz de Tenerife, es una pena, porque, es verdad, es una educación la de las religiosas de la Asunción, magnífica, siempre las recuerdo con enorme cariño y me alegra mucho que coincidamos.

      Un beso muy fuerte, Alicia. Te visitaré. ¡¡¡Viva el colegio de la Asunción!!!

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  8. Hola Rosa, buscando la letra del Himno del colegio de La Asunción de Leon para un deber de mis hijas, di por casualidad con tu blog. Yo soy orgullosa asuncionista del colegio de La Asunción el Guayaquil, Ecuador, y leer tus recuerdos fué como revivir los míos: las Madres tan carismáticas y de avanzada, la gruta de la virgen de la Asunción a la que ibamos a dejar flores, la tarta de la Asunción deliciosa con su mermelada, las misas no oídas sino vividas, participadas con el alma, en fin, todo aquello que sin duda deja una huella imborrable en las que tuvimos la suerte de estar en este queridísimo colegio... Qué maravilloso que no importa en que lugar del mundo nos encontremos, las asuncionistas siempre compartimos la firme formación que Santa maría Eugenia y sus religiosas supieron grabar en nosotras. Un abrazo a la distancia!
    Catalina

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    1. ¡Qué alegría! ¡Hola, Catalina!, encantada de verte, tan alejadas en kilómetros, pero tan cerca a la vez. ¡Qué bien, desde Ecuador! Me alegra tanto que nos sintamos unidas con recuerdos tan entrañables de las madres (qué bonito llamarlas así, eran encantadoras) de la Asunción y de los colegios.

      Es verdad, deja una huella imborrable, la prueba es que nos emocionan las mismas vivencias, y que señalamos precisamente los mismos recuerdos. Es maravilloso compartirlos desde distintos lugares del mundo. Creo también que era una formación firme la que supieron grabarnos, con delicadeza, las recuerdo siempre muy delicadas, finas, cultas, trabajadoras firmes, y con un claro sentido de la docencia, entregadas y pendientes de todo, caritativas de verdad...un ejemplo de la enseñanza que nos dejó santa María Eugenia de Jesús...

      Me encanta que hayas venido. ¡¡¡Muchos besos en la distancia!!!. Te visitaré.

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