jueves, 10 de julio de 2014

La esperanza de la fe

 
Tabla de la Adoración del Cordero místico. Políptico de San Bavón de Gante o Políptico del Cordero místico. Hubert y Jan van Eyck
 


Dar testimonio de la fe en la vida ordinaria significa sencillamente vivir cumpliendo la voluntad de Dios. Es difícil discernir si estoy movida por mis deseos o es un impulso del Espíritu el que dirige mi caminar [...]

Dijo Jesús a sus apóstoles: “Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernantes y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis; en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.” (Mateo 10.16-23).

¿Estamos dispuestos a morir por nuestras creencias? ¿Dispuestos a perdonar dando la vida por los demás? Ese plus de valor creo que sólo lo da Dios a quienes se lo piden fervientemente. Mientras, debemos dar esperanza de nuestra fe, la que nos empuja a trabajar por un mundo mejor y más humano y al mismo tiempo nos hace creer que todo es posible para Dios.
 
 

Agnus Dei (Cordero de Dios). Francisco de Zurbarán



A mí me gustaría que cuando escribo sea el Espíritu del Padre quien hable. Que no haya ningún protagonismo de mi parte. Y aunque defienda mi fe, que nunca olvide los valores cristianos, de misericordia con el hermano [...]
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Hubo un tiempo lleno de desesperanza y pensamientos negativos en el que llegué a pensar que el mensaje del Evangelio era un rotundo fracaso, a tenor de cómo seguíamos viviendo después de haber transcurrido 2.000 años de la llegada de Cristo.

Sin embargo ahora siento la certeza de que no sólo no ha fracasado su mensaje sino que nunca fracasará. Fundamentado en el amor, se nos presenta una entrega sin límites, una generosidad sin medida. Y en la medida que hay hombres y mujeres dispuestos a esa entrega, en la medida que cada día se realizan actos de amor. Ese mensaje sigue vivo.
 

Los niños de la concha. Bartolomé Esteban Murillo


Siempre me he preguntado qué sentido tiene el dolor. Por qué un Dios misericordioso deja que miles de niños mueran de hambre, que la enfermedad consuma nuestra vida, que la locura perviva en la sociedad. No creo que pueda encontrar una respuesta, es demasiado incomprensible para mí. Pero un día surgió el fogonazo en mi mente. El hijo de Dios hecho hombre viene a vivir entre nosotros, a hacerse uno más. ¡Y decide la muerte ignominiosa, el sufrimiento, la injuria y la injusticia! Él, que era capaz de resucitar a los muertos, dar vista a los ciegos, hacer andar al paralítico, asume el sufrimiento. Por razones que desconozco Él no evita el dolor, lo comparte y lo trasciende, lo convierte como todo en un acto de amor. Y gracias a ello podemos saber que el aparente sin sentido y el aparente fracaso, es un triunfo para la humanidad. Sin la resurrección vana sería nuestra fe.

Si habéis seguido leyendo hasta aquí, sólo me queda decir, que el Señor guíe nuestro caminar y que siempre sepamos darle gracias en todo momento por la fe que nos habita.
 
 
 
 
 
 
 
 

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